lunes, septiembre 22, 2014

"No te lancearás"

Mi respiración aumentaba rápidamente y sentía que me estaba hiperventilando. Jadeaba como tratando de llamar la atención, aunque sabía que dentro del lanzador y con los ruidos de los motores a reacción nadie podría oírme. Traté de juntar valor para no sumirme en el pánico. Tal y como lo habíamos practicado tantas veces, tal y como lo habíamos resuelto tantas otras veces en el pasado. 

"Hasta aquí llegué", me repetía a mi mismo, con un aire de orgullo y forzando un optimismo que me saque de este claustrofóbico trance.  El ritmo de mi respiración aminoraba y comenzaba a ser consciente de la geometría en la cual me hallaba embutido.  El cilindro lanzador era opaco y solo se veía una aureola de luz en la parte superior, por donde saldría despedido en unos pocos minutos.

La ilusa calma que comenzó a inundarme se disipó cuando escuché el primer disparo. El fenómeno no era más que un estruendo lejano que sacudió ligeramente el lanzador y un degrade luminoso de la aureola superior que me permitía intuir desde donde había sido lanzado el primer ejecutor. Pero no es el fenómeno lo que me aterraba. Ni antes, ni en ese momento, ni después, nunca un evento me asustó por su propia condición.  "¿Cómo hice para llegar hasta aquí? ¿Cómo sobreviví tanto? Si considero lo que pasó hace unos instantes  y la situación en la que estoy. ¿Que clase de futuro tenebroso me espera?". La interapolación era casi un deporte para mi. Si algo ha estado mal, y está peor, entonces estará mucho peor. Un pensamiento lineal que cualquier ser evolutivamente estable acuñaría para forzar un cambio en pos del instinto de supervivencia.

El segundo disparo tronó a pocos metros de mi lanzador. Perdí el control de mis esfínteres, castañeaba los dientes y me retorcía para no temblar. 

"Hasta aquí llegué", chillé con angustia. No estaba preparado para esto. No sé en que estaba pensando, o en que no estaba pensando. Nunca pude volver a verla, aunque mantuve mi amor latente como un caldo de cultivo, nunca me animé a destruir el mundo por ella. Que cobarde. Tan cobarde como un imbécil que se ha cagado en las patas a punto de ser disparado hacia la nada.  Ni siquiera mi mal ejemplo servirá de nada. 

El ruido de los motores aumentó. "Hasta aquí llegué", dije de nuevo en voz alta. Y en medio del bullicio comencé a gritar desafiante. "Que quede registrado que hasta aquí llegó un hombre intrépido que no supo medir el peligro en pos de una adictiva ambición!", pero yo no escuchaba ni mi propia voz. En un lapsus, que seguramente es muy conocido por más de una teoría psicológica, sentí un esbozo de claridad mental, y un aumento de adrenalina que me devolvió las fueras necesarias para reclinarme en posición de combate.  Respiré profundamente, y puse mi mente en blanco.

El tercer disparo me lanzó con una velocidad descomunal que me hubiese despedazado en el aire si no hubiese adoptado la postura de lanzamiento segundos antes del estallido.  La aureola de luz creció y me encandiló durante el primer despegue. Pero mientras aún continuaba acelerándome recuperé la visión solo para ser testigo de la destrucción.

Las plantaciones calcinadas solo era un contexto del horror que se veía desde el cielo. Los carroñeros con miembros faltantes y quemaduras expuestas se arremolinaban alrededor de las pocas casas que quedaron en pie. Aisladas de todo camino y con escasez de recursos, decenas de personas habían muerto por infeccciones que a comienzos del siglo XXI se curaban con una simple pastilla. 
El resto de la gente no tuvo tanta suerte. Rodeada por los carroñeros se estaba lentamente muriendo de hambre.

La velocidad seguía en aumento,  los propulsores conseguían que supere ampliamente la velocidad terminal y en algún momento los sonidos se disolvieron. Había cruzado la barrera del No-Sonido, lo que, tal como me lo habían adelantado, marcaba un cambio de regimen en la misión. 

La zona destruida de transición daba lugar a un gigantesco cañadón que me separaba de mi destino.   Del cañadón emanaban todo tipo de gases tóxicos. "No son todos los gases tóxicos?" "Acaso no depende todo de la unidad en la que se mida?". Abandoné esas preguntas sin dirección ni sentido y volví a enfocarme en horizonte. "Mi destino....¿ Lo lograré? Ante tantas cosas que pueden salir mal... ¿Realmente lo lograré?".  

Me habían contado muchas veces de las erupciones de azufre, lo impactante y espectaculares que eran. Nadie había conseguido, ni podría conseguir, describir el profundo miedo que uno siente al volar por encima de una erupción y ver como la tierra se abre exhalando su ira.  

Una incómoda calma se apoderó de mi, sin poder decidirme entre una postura positiva o negativa. Con este virtual "Status Quo" instantáneo conseguí llegar hasta aqui, y podría seguir avanzando. No era dinero, ni fama, ni reconocimiento, o al menos eso me mentía a mi mismo. Seguramente todos los ejecutores consiguen  autoconvencerse de que los nobles motivos que los llevan a lanzarse hacia el oeste. Yo creía que lo hacía porque podía, o porque quería demostrrarme que podía. 

El sonido volvió para romper la calma, sentir la brusca desaceleración hasta llegar al punto más alto, donde algún científico loco estimaba que ya había recorrido dos terceras partes del viaje. 
Las nubes cubrieron el horizonte, y comencé a sentir nuevamente miedo. 

"Hasta aquí llegué". Cuantas veces me había dicho lo mismo antes, siempre con miedo a que sea la última vez.  "Si he llegado hasta aqui No seré acaso suficientemente especial? Puedo afrontar esto y mucho más". Pero el periodo optimista había pasado, y tuve la mala fortuna de recordar la falacia lúdica, que cualquier calculador de riesgos debería conocer.
"El hecho que yo haya sobrevivido a tantos desafíos con baja probabilidad de éxito, ¿Tiene alguna relevancia en el cálculo de mis chances futuras?"

Por supuesto, si había tirado 99 veces una moneda y había obtenido 99 veces cara. ¿Con qué temple iba yo a apostar por cruz en el centésimo tiro?. Estaba autocensurado, después de oír tantas historias de intrépidos que sobrevivieron ante las más duras condiciones que el universo les había impuesto, ( O las que ellos se habían auto-impuesto?). Que difícil es leer las historias no escritas de los que murieron intentándolo. Aún cuando fueran la mayoría, son silenciados por un sensacionalismo exitista.

El ensordecedor trueno de una nube de azufre hizo que retomara conciencia de mi inconciencia. Entre nubes de azufre perdí el sentido de la orientación y vi mi vida entera reproducirse como imágenes sueltas inconexas. Ya no tuve más miedo. Estaba listo para morir. 

"Hasta aqui llegué."

Seis ejecutores habían sido lanzados hacia el oeste buscando sembrar un camino nuevo, que no necesariamente devolvería esperanzas, pero que constituía un esfuerzo para buscar alternativas ante un mundo nuevo y desolador.

Cuando llegué al suelo, tres de los seis ejecutores que habían sido lanzados estaban muertos. Yo era uno de ellos. Hasta al jugador más suertudo le llegaba su hora.





lunes, octubre 15, 2012

El curioso ritual de aplaudir

Desde chico tuve una fascinación por los aplausos. El barullo generado por un gentío aplaudiendo no tenía nada que ver con el singular choque de palmas que yo practicaba en soledad. ¿Cómo era posible que un único aplauso apenas provoque sonido y un grupo de gente pueda emitir un sonoro murmullo?

Ni siquiera acelerando el ritmo conseguía algo lejanamente audible.  Con el correr de los años trataba de estudiar los aplausos, el mejor momento era cuando amainababan.

Con un público heterogéneo siempre se encontraba algún rezagado que prolongaba sus aplausos hasta ser el último que repiqueteaba lentamente.

Entendí que la desincronización de los aplausos contribuía a un efecto colectivo, un ruido uniforme con pequeños piquitos que aperiódicamente modulaban el clamor general.

Entonces hice la prueba. Me grabé a mi mismo dando un solo aplauso. Con la computadora era fácil generar una pista de sonido repitiendo mis aplausos y poniendolos pseudoaletoriamente. Gran sorpresa fue la mía cuando escuché el resultado: mis aplausos apenas sonaban. No importaba si mezclaba diez o cien, el repiqueteo de mis manos se apagaba.

Revisé minuciosamente filmaciones de gente aplaudiendo, confirmé que el problema radicaba en el golpe de mis palmas. Siempre le puse empeño por buscar simetría pero nunca me preocupé por embolsar el aire. Cuando cambié la posición de mis manos noté inmediatamente la diferencia.
Pero que tristeza! Todo este tiempo mis aplausos no contribuían al estallido popular. Podría haberme ahorrado miles de palmadas y enrojecimiento de manos. Que amargura darme cuenta que todos mis aplausos fueron en vano.

En las siguientes reuniones me rehusé a aplaudir, ganándome los reproches de mis jefes, colegas y amigos. Ante el temor de ser socialmente excluído comencé a fingir las palmadas, imitando los movimientos y asintiendo con la cabeza (algunas veces con una sonrisa). La gente lo aceptó y jamás lo notaron.
A veces me pregunto cuantos otros hacen lo mismo que yo, y cuantos pocos privilegiados (o condenados?) cargan con la obligación de emitir sonidos en cada ocasión de aplaudir...

viernes, agosto 14, 2009

Cambio de Variables

Un barullo se había generado en el recinto. Cada uno de los presentes rodeó al maestro que pacientemente esperaba que todos lleguen antes de empezar a hablar. Pasó un tiempo (o no) y todos estaban listos, casi ansiosos de escucharle. Era evidente que tenía algo muy importante que anunciar...

Lo que ocurrió despúes ha sido contado de varias maneras. He aquí una de ellas, menos conocida, pero que también ha perdurado en los anales de la historia:

-Estimados. Desde un principio hemos descripto los elementos básicos, algunos de ellos componentes esenciales de vuestra existencia. Hemos visto que combinaciones precisas de esos elementos constituyen todo el universo, pero que la síntesis se vuelve más complicada a niveles que ustedes no podrian comprender.

Apareció una imagen, parecía una bahía tropical, y una serie de charcos con agua estancada cerca de la playa.
-Hoy quiero mostrarles un nuevo producto. Como ustedes pueden observar se trata de un mero trozo de barro seco, carroña animal, sangre coagulada y algún que fluído animal. Diganme ustedes, que es lo que parece?"

Los asistentes, destacados por su obediencia e inteligencia pensaron un momento hasta que alguién se atrevió a contestar.
-Eso... eso es sumamente complicado! Es una chorrera de cadenas de carbono moviéndose en un potencial global generados por todas ellas! No tiene ningún sentido!.

El maestro esbozó una sonrisa.
-Ah, siempre has sido un genio. Si, son cadenas de carbono, y efectivamente, se mueven tan aleatoriamente que sus mentes no las pueden seguir, en apariencia no tiene sentido crear algo tan azaroso y complicado, pero dejenmes mostrarles algo, y es por esto que los llamé hoy.

La imágen de las cadenas de carbono fueron reemplazadas por símbolos matemáticos irreproducibles.
-Esto, es la representación matemática de la que se queja el Genio, sumamente compleja y tediosa de interpretar. Pero si proponemos este cambio de variables se sorprenderán...

Esperó unos segundos mientras se desvanecía la imagen y apareció otra. Efectivamente todos quedaron boquiabiertos. Uno de los obedientes exclamó
-Pero.. pero eso se parece a una forma de vida!!!.

El maestro sonrío.
-Exacto! Mediante este cambio de variables toda la estructura azarosa y compleja de las cadenas de carbono se pueden ver como una nueva forma de vida, que denominé "Humanos".

Todos los presentes aplaudieron y vitorearon excepto uno. El genio, calladito y mirando de reojo al maestro habló.
-Eso... es una gran mentira! Si lo único que has hecho es un cambio de variables! Matemáticamente seguro que están vivos pero no tiene sentido!!

Pero a nadie parecía importarle. Todos los obedientes festejaban, casi reverenciando esa nueva forma de vida. Un incomprendido genio se alejó del grupo y caminó alejándose, ya jamás volvería. Desapareció del recinto mientras gritaba:

"Yo sé que estoy hecho de fuego, y sé que estoy vivo, pero no he visto nunca ningún humano, no son más que el producto de vuestra imaginación, meras excitaciones colectivas de cadenas de carbono. Yo! Que estoy hecho de fuego!! Reverenciando a un cambio de variables..."

jueves, octubre 23, 2008

Microrelato

Mi mayor error fue convencer a Dios de proseguir con el proyecto Génesis... y aqui estoy, todavía esperando el Apocalipsis.

martes, julio 15, 2008

Carta Espacial


Favor de entregar a Rose, donde quiera que se encuentre al momento de recibir esta carta...


Estimada Rose:

Mi nombre es Han de Beta Centauro, sé que te parecerá raro recibir noticias mías por este medio, tal vez ni siquiera me recuerdes al momento de leer estas líneas...

Estuvimos en contacto unas quince veces durante ocho años terrestres unos 8215 años despúes de vuestro último período de glaciación.
Esporádicamente y con poco tiempo de advertencia, se abríeron agujeros de gusano entre tu mundo y el mío a través de los cuales nos podíamos comunicar instantáneamente.

Establecimos una relación de amistad intermitente a merced de las frías leyes físicas de los agujeros. Una sincronización de funciones de onda que no siempre se daba cuando sentíamos necesitarla.

A esta altura ya me habrás recordado, caso contrario no tiene sentido seguir explayándome.

En este momento ha comenzado una guerra civil en nuestro planeta y es mi deber como caballero pelear por mi hogar. Estoy embarcandome hacia el campo de batalla y no sé si volveré. El agujero de gusano está cerrado y esta es la única manera que encontré de enviarte este mensaje, tal vez el último.

La última vez que hablamos antes de escribir esta carta llenaste de lágrimas tu rostro mientras intentabas explicarme lo que ustedes, hombres de la tierra, denominan amor. Te habré contado ya que desde pequeño me enseñaron a seguir luchando aún viendo como mis aliados caían en batalla. Así pues mi mente moldeada con instrucción lógica y guerrera no ha sido capaz de concebir tal estado mental de simbiosis con otro ser racional. Investido en mi brillante armadura no me fue posible, en ese momento, entender completamente tu mensaje.

Ojala que te llegue esta carta, y que sepas que finalmente he entendido tus palabras. Con lágrimas en los ojos me someto ante las leyes de la física y sé que nunca podremos vernos. Pero mantengo la esperanza, al menos de regresar vivo y volver a verte cuando el ordenador del universo así lo disponga.

Te envío mis mejores deseos de felicidad y prosperidad. Que encuentres en tu mundo lo que no has podido encontrar a varios años de distancia.

Sueño con un universo en el cual la velocidad de la luz sea mucho más pequeña, tal vez en esa realidad podría haber llegado hasta tu Tierra y encontrarte.

Desde la estación espacial Hadar... tu leal caballero Han.

sábado, abril 05, 2008

Bucle

En cierto momento aparecieron tres hombres que estaban desayunando en un bar. Uno de ellos dio un sorbo a una taza que tenía en la mano y exclamó:
-¡Ah, me quemé!
- Te dije que estaba caliente. Pero bueno, Imbécil no se hace, se nace - Le contestó el segundo hombre
- Para que el comentario sea sarcástico debería tener una base lógica, no una rima. - Protestó.
- Primero que nada, no se necesita de una base lógica y segundo, si es lógico.
- ¿Qué cosa? ¿Qué los imbéciles nacen así?
- Por supuesto. ¿Has visto acaso a una persona adquirir la imbecilidad?
- Uno no puede cuantificar la imbecilidad!. Solamente se trata de una sucesión continua de decisiones equivocadas que se asientan en un estado mental y característico de la persona.
- Bajo ese supuesto podrías, a modo de experimento, adoctrinar a un niño para que sea un imbécil.
- Los niños no son imbéciles, ellos interactuan con el mundo que los rodea para aprender y educarse, que nosotros no aprobemos sus costumbres es una mera convención.
- Si, si, incendiar una casa por jugar con fuego es educarse...
- En ese caso la imbecilidad es de quien dejó el fuego a disposición del niño.
- Entonces esa decisión define al imbécil?
- Por supuesto
- Pero las decisiones no siempre determinan dos estados posibles.
- Vale, vale, como mínimo dos, pueden ser muchos.
- ¿Cabría pensar en un grado de imbecilidad?
- Tal vez...
-Pero una decisión desenvuelve dos o más caminos. Y cada camino tiene sus propias decisiones. Luego la imbecilidad no es más que una ramificación fractal
-De nuevo con los fractales...

- Callense de una vez - Gritó el tercer hombre, que había permanecido callado hasta ese momento
Los otros dos se le quedaron mirando.
-¿Y a ti que te pasa?
-Nada en particular, solo estoy harto de sus discusiones vanas. Sin rumbo, sin dirección, sin sentido.
- ¿Se podría tener sentido sin dirección?
- Podrias tener una dirección aleatoria
- ¿Pero como diablos defines el sentido?
- ¡Basta! - Gritó de nuevo.

- Repito. ¿Qué te pasa? - Dijo el primer hombre
- ¿Qué te acontece? - Acotó el segundo
Suspiró para replicar la pregunta y sugerir que las preguntas no son equivalentes, pero se contuvo.

-Van a pensar que estoy loco.
- ¿Te ha importado alguna vez lo que pensemos? - Dijo el segundo hombre.
El tercero sonrió.
- Vale, vale. Tuve un sueño muy extraño. Yo entraba en un bucle y no sabía como salir de él.
- Y de qué trataba ese sueño? - preguntó el primer hombre.
- En cierto momento aparecieron tres hombres que estaban desayunando en un bar. Uno de ellos dio un sorbo a una taza que tenía en la mano y exclamó: "¡Ah, me quemé!"

martes, enero 01, 2008

Adios querido amigo

Cuando volví a casa tras varios meses sabía que iba a encontrar cambios rotundos.

Me alegré de ver mi habitación intacta. Días antes de irme ya planeaban derrumbarla y darle un mejor uso. "Se puede hacer un salón comercial", decía mi padre. "La podría convertir en mi segundo bunker", acotaba mi hermano. Así que cuando me fui la miré con aires de cariño como si fuese la última vez.

Esperaba encontrar una nueva distribución de los objetos cotidianos y también un cambio de actitud en mis allegados.

Encontré la cerradura cambiada, mi computadora desarmada, "Total, ya no la usas, ¿No?", mi cama tendida, el escritorio sin tierra. Eran muchos cambios, pero supe llevarlos. Excepto uno, crucial, que cambiaría mi vida para siempre.

Entré al baño y pegué un grito desgarrador. Tenía el mismo olor a baño, pero el inodoro había cambiado. "No pueden haber cambiado el inodoro!", exclamé. Asustada llegó mi madre a ver que me había pasado y repetí mi indignación. "Si, es que el otro se rompió y pusimos otro. Pero el roñoso lo puso mal", llamese roñoso a cualquier mamífero que haga algo que a mi madre no le gusta. Con humildad digo que hasta yo he entrado en esa categoría...
Pero volviendo a la tragedia, habían cambiado el inodoro. El gran inodoro. Yo estaba orgulloso de ese inodoro. Si ustedes, estimados lectores, supieran las cagadas que aguantó ese inodoro derramarían lágrimas de solo leer estas líneas. No importaba si además arrojabas papel higiéncio, cabellos, chicles o cualquier otra sustancia mas o menos hidrodegradable, siempre pasaba.

Hace varios años, durante una asado, fue asediado por salvajes que no mostraban el menor aprecio por el trono ajeno. Cuando tiré la cadena, escuché un pequeño ruido, pero el inodoro se portó impecablemente y con mucho esfuerzo pasó lo que tenía que pasar.

Durante mi vista a Turquía tuve una discusión con amenos lugareños sobre si sus baños eran mejores que los nuestros. Aludieron higiene y mejor postura del usuario. Pero yo lo defendí a muerte. "Yo tengo un inodoro que no se atasca nunca...", dije nostálgico con una sonrisa de oreja a oreja.

Miré con desprecio el nuevo espécimen. Tenía su propia mochila con agua y el botón para tirar la cadena carecía de función. Traté de usarlo, no tenía alternativa, pero no era lo mismo. Ni bien terminé apreté el botón antiguo como un reflejo de mi infancia. Nada ocurrió. Se me partía el corazón mientras buscaba la palanca en la mochila y luego aproveché el lavatorio para lavarme la cara y disimular mis lágrimas.

Salí del baño y continué caminando hasta el depósito. Allí le encontré, partido en dos, su cadáver a la interperie sin ningun tipo de misericordia.
Me paré frente a él y lo miré por última vez. Sabía que no me atrevería a pasar de nuevo por ese lugar.
Entonces, respiré profundamente y le hablé:

Adios, querido compañero, me acompañaste en las buenas y en las malas. No te importaban mis berrinches, ni los días que te evitaba, ni los que te usaba en exceso. Siempre estabas ahi cuando te necesitaba y permanecerás por siempre en mis recuerdos.

domingo, diciembre 16, 2007

Elevacion

Las luces se apagan y contemplo el arte de combinar los sonidos. El tic tac del reloj ralenta y pierdo la noción del tiempo. Cruzo las piernas, siento que mi cuerpo se quiebra y el espacio se funde a mi alrededor. Mi perspectiva sale de mi ojo, veo la silueta de un hombre inmóvil y gradientes de colores que contrastan con la uniformidad del medio.

Quiero cambiar el color. Busco simetría, invariancia ante iluminaciones. Percibo temor, una lucha inminente, el color contra el no color. Lucho contra mi lucha. Pierdo la necesedad de simetría, y luego la obtengo.

Los colores comienzan a fundirse, desde afuera y hacia el centro. Alcanzo una perspectiva ilimitada y veo mis limitaciones. Concibo una guerra secreta retroalimentada entre hombre, entre mujeres y entre objetivos.

Me elevo aún más hasta sentirme en el fondo. La música ya no suena, resuena. Pierdo los sentidos, dejo de ver, dejo de oir. El color es homogéneo y la silueta resalta en el medio.
No la veo, no la necesito ver.

Los hombres han dejado de ser hombres. Las mujeres han dejado de ser mujeres. Los objetivos han dejado de ser objetivos. Me he elevado. Ahora yo soy yo.

martes, diciembre 11, 2007

Sobre la posibilidad de cambiar el pasado...

Si un hombre tiene la posibilidad de viajar en el tiempo, podría viajar al pasado y matar a su propio abuelo antes del nacimiento de su padre. Si su padre no nació, el tampoco nació, y si él no nació, ¿Quién mató a su abuelo?

Paradoja básica sobre viajes en el tiempo

Estaba pensando en la paradoja de lviaje en el tiempo, pero desde un punto de vista antiparadójico, por contradictorio que suene. Supongase que le digan a usted, lector de mente pulcra... que cambie un suceso a elección, un punto en el espacio de configuración que involucre al espacio tridimensional y al tiempo mismo. Digamos que le exhortaran a modificar este evento arbitario y que luego repare todas sus consecuencias.
Yo creo que la paradoja es formulada por la imposibilidad del ser humano para asimilar esa fina estructura fractal.
Hay quienes solicitarán permiso (o no) para disentir acerca de esta imposibilidad. No se preocupe, se lo permitiré.
Mas lamentablemente insisto que son sus ojos los que no tienen suficiente resolución. O tal vez será precisión?
Bah, no me importa discernir sobre su existencia.

"Sea una existencia..."

Me importa su estado, un ejemplo sencillo sería considerar dos posibles estados: prendido o apagado. ¿Cuántas lámparitas tendría la red fractal del tiempo? ¿Y de cuántos tamaños distintos? Vale, vale, tal vez esta apreciación se acerca a una teoría del caos. Porque reemplazar una sola lamparita cambia la señal de salida. Siendo la salida el nodo de la red que se fija como punto de apoyo para medir, comparar. Continuando con la analogía nodal se observa una limitación en el número máximo de puntos fijos que se pueden tener sin cortocircuitar la red.

Piense entonces en como rediseñar la red una vez cambiado el estado de la lamparíta. Tenga en cuenta que una solución completa del problema abarcará cualquier nodo disponible. Seguramente, querido lector, usted no podrá resolver este problema. Tampoco piense que una máquina podría hacerlo puesto que el problema no es el tiempo que lleva reparar el tiempo, valga la ironía, sino nuestra concepción de lógica bidimensional del tiempo como una red. La misma concepción que le transmitimos a una máquina.
Tal vez algún día las máquinas aprendan a crear sus propias ideas sin temor a contradecir a las grandes maquinarias del pasado. Pero por ahora tenemos que contentarnos con nuestra propia independencia.

¿Existirá algun ente que sea capaz de matar a su propio abuelo?
Tal vez la pregunta este mal formulada, y la propia implicación de existencia elimine todo tipo de parentesco. O tal vez la acción de matar carezca de sentido ante quien ve los relojes antihorarios.
Una linea de razonamiento similar terminará eliminado los signos de interrogación de la pregunta y si me descuido, hará lo propio con este relato, asi que no ahondaré más al respecto.

Me contento con haber dejado abierta la discusión sobre las consecuencias de un cambio en la historia. No llego a ninguna conclusión categórica ni a la matemátima necesidad de decir "he probado..." . Tampoco intuyo que exista un ser capaz de cambiar todas las lamparitas a la vez. Pero cabría preguntarse. ¿No? ¿Y si existiese tal ser? (En el concepto intuitivo de existencia, claro está.)
Quiero concluir con una historia que me contaron una vez cuando era chiquito...


Un campo de hortalizas se veía afectado por una terrible sequía que se prolongó por semanas. Si la sequía continuaba un día más toda la cosecha se perdería. A las 11:59 Pedro salió de su casa y miró el cielo despejado con aire desanimado. Mientras tanto, en el laboratorio climatológico observanan la precipitación en un globo aerostático sobre la estratósfera. El climatólogo miró los instrumentos y no detectó ni una gota de lluvia.
Concluye soberbiamente que en los próximos dos minutos no caerá ni una gota al suelo puesto que desde el detector hasta el suelo una gota de agua tarda dos minutos en caer.

A las 12:00 Pedro eleva sus manos y recita una plegaria, pide por la salud de sus hijos y del futuro del ganado, implora por lluvia.

A las 12:01 cae una gota de lluvia y comienza un temporal que salva la cosecha.
El climatólogo sorprendido por la lluvia, revisa sus mediciones, se había equivocado, el detector mostraba presencia inminente de lluvia. Se sorprendió, se sintió confundido.
Lo que resultaba particularmente extraño puesto que él nunca se confundía. Se había equivocado. ¿Se había equivocado?

¿Ocurrió una coincidencia perfectamente explicable con la ciencia y la lógica que dominamos hoy en día?
¿O un ente externo a este espacio de configuraciones cambió el pasado y modificó todas sus consecuencias sin dejar anomalía?

Tal como dije antes, no intento responder nada sino que tan solo me divierto preguntando.


jueves, septiembre 27, 2007

El pacto mas terrible

A donde quiera que la razón mirara veía gradientes de luz. El recinto era un arco iris de colores. Cada chapoteo se traducía en una longitud de onda perceptible. Lo que no era verde podía quemarte o atravesarte. Entonces la razón entrenó su percepción, sin guiarse de los entes contrincantes, estudió cada color y aprendió su significado.
Transcurrió un intervalo atemporal y la razón aprendió a dibujar colores. Cada evento de un futuro posible quedó registrado en una pintura cuadrimensional en el recinto de la mente.
La razón extendió sus manos y se concentró. Sus ojos perdieron cualquier color concebible y las imágenes de diferentes épocas aparecieron ante ella.

Se vio inmersa en una batalla milenaria librada por entidades que nunca había visto. Una bestia de aspecto felino doblegaba a sus adversarios hundiéndoles su garra en el pecho. Se percató de la presencia de la razón y corrió hacia ella.

La razón perdió la concentración. Asustada, regresó al estado natural, pero la bestia la siguió.
Comenzó a correr escapando de las estampidas amenazadoras del monstruo, y se dirigió hacia el lugar donde la Fe y el instinto continuaban peleando.
Ambos entes se volvieron hacia la bestia, levantaron sus brazos y comenzaron a invocar contra ella. La bestia dudó y quedó paralizada ante la indecisión. Con una mano los entes detuvieron a la bestia y con la otra continuaron peleando. La razón se levantó y gritó que se detuvieran. No le hicieron caso.

Pensó en las palabras que detendrían a la fe y al instinto. Mas no pudo encontrar la combinación
que detenga a ambos al mismo tiempo. Se concentró nuevamente buscando palabras en otras épocas, inclusive en futuros que aún nadie recordaba. Cayó en un escenario en el que proliferaban gritos de horror y angustia. Huyó de él invocando otro intervalo atemporal, pero parte del horror y la angustia volvieron con ella. Expulsó tales pensamientos y se materializaron como una nueva bestia que comenzó a atacarle con el mismo ímpetu que la anterior.
El instinto y la fe detuvieron nuevamente su batalla y usaron ambas manos para detener al par de bestias. Una vez paralizadas comenzó una guerra de juramentos. Y la razón descubrió que las palabras también dolían.

Huyó hacia un mundo de silencio y solo encontró oscuridad. Regresó rápidamente y con ella una sombra oscura que se transformó en la tercera bestia.
Los entes detuvieron por tercera vez su batalla y ya no pudieron frenar a las bestias. Comenzó una escaramuza estable entre zarpazos y fintas, entonces el instinto habló:
-¿Qué está pasando? ¿De donde salen las bestias?
- La razón las está trayendo - Contestó la Fe
- ¡Pues que las deje de traer!
- No sé que está ocurriendo. No puedo explicar como lo estoy haciendo - se defendió la razón.
- Eso es lo que ocurre cuando vives bajo la doctrina de una fe.
- ¿Prefieres acaso la insensatez de un instinto?
- Callen de una vez - Gritó agónicamente la razón. Se contrajo a si misma y saltó de época en época acarreando bestias sin control.

Los entes se vieron rápidamente superados en número y comenzaron a huir. Ninguno de los tres sobreviviría mucho tiempo el asedio de las bestias.
Entonces la razón intentó estudiar el movimiento de las bestias y predecirlo como meras partículas deterministas.
Invocó un intervalo atemporal y no obtuvo resultados categóricos. Las bestias se movían con una aleatoriedad que la razón no podía explicar. Este hecho perturbador duplicó el número de bestias.
- Cada pensamiento crea nuevos eventos que escapan mi control. El recinto está cayendo, no podremos sobrevivir por mucho más tiempo.
- Deja de pensar.
- ¿Cómo haces para dejar de pensar?
- Desvías tu atención del pensamiento hacia la acción.
- No comprendo... - dijo la razón, y una explosión interrumpió su conversación. No podían escapar de las bestias, que nacían y morían en un entorno centrado en la razón.

La Fe dio un grito de dolor y cayó inconsciente. La razón abrió los ojos de par en par y pensó en una venganza.Pero el pensamiento solo desató nuevas bestias que clamaban por venganza y se volvió hacia los últimos entes concientes del recinto.
La razón se volvió hacia el instinto, lo tomó de los brazos y le gritó:
- Enséñame a no pensar.
El instinto dudó por un instante, ¿Le enseñaría a la razón tal grandioso poder? Pero no cabía lugar la duda en tal momento de crisis, entonces el instinto invocó un intervalo atemporal y la razón aprendió a no pensar.

La razón se paró firme levantando su brazos mientras sentía un flujo de adrenalina que subía por la espina dorsal. Cerró el puño de la mano derecha y exclamó:
- ¡Ordénense!
Pero el caos no obedeció. Las bestias recularon y, furiosas, retomaron el impredecible movimiento.

- ¡No funciona...! - Gritó el instinto visiblemente aterrorizado - No existe energía suficiente en todo el recinto para doblegar el caos.
La razón calló al instinto de un siseo mientras cerraba los ojos y se llevaba un dedo a la boca.
- Quedate aqui... - dijo imperativamente - Cuida de la Fe...
Abrió súbitamente los ojos y comenzó a caminar.
- ¿A donde vas?
- Hacia adelante...
- ¿Cómo reconoces el adelante con todas las bestias girando a tu alrededor?
- Este es mi adelante - dijo la razón y echó a correr.


El instinto quedó paralizado. Tal vez por obedecer a la razón o tal vez por el miedo, no le importó, pues ahora estaba a salvo. Levantó la cabeza y vio a una razón corriendo en linea recta alejándose cada vez más.
Las bestias, centradas en la razón, la siguieron en su recorrido sin perder la aleatoriedad de su posición. La velocidad de la razón era insginificante en comparación con los saltos de las bestias, pero desde donde estaba el instinto, solo veía una inmensa bola de demonios dirigiendose hacia adelante.
El caos no había sido doblegado, pero ahora fluía en una dirección de modo que cualquiera que se encuentre lo suficientemente lejos, vería un orden.

El instinto sintió que una esperanza le invadía y comenzó a sonreír.

- Hoy es el día en el que la razón se convirtió en un ejecutor.

Una convaleciente Fe se reincorporó mientras y el Instinto se apresuró a contarle lo ocurrido.
La Fe sostuvo una invisible mirada con los ojos cerrados hacia el horizonte recuperando la orientación.
- El Ejecutor está ahora librando la primera de las batallas mas duras de su existencia. La retroalimentación de pensamientos ha colapsado y ella deberá enfrentarlos sola.
El instinto bajó la mirada, y se sintió desorientado. Se volvió hacia la Fe y finalmente dijo:
- Sin una Razón a la cual moldear, nuestra batalla carece de motivo. Propongo una tregua, al menos hasta que el Ejecutor regrese.
- De acuerdo - Contestó la Fe, y por primera vez se estrecharon la mano.

martes, abril 17, 2007

Palomas y Palomares


Ve a decirle a la paloma que no ha sido decisión mía. Dile que desafíe a los números, y tal vez así, algún día, logrará encontrar su palomar.


En un salto atemporal de esa extraña esencia que llamamos mente, regresó a mi conciencia en este particular momento un principio matemático formulado por el gallego Dirichlet (primo hermano del gallego Schroedinger, según dicen).

"Si
n palomas se distribuyen en m palomares, y si n > m, entonces al menos habrá un palomar con más de una paloma" o bien, "Si n palomas se distribuyen en m palomares, y si n > m, entonces al menos habrá una paloma que se quede sin palomar".

Durante años, aprendí a odiar a los matemáticos por sus exhaustivos esfuerzos de demostrar un fenómenos evidente. Pero en un pensamiento que fácilmente podría ser confundido con activismo palomar, me pregunto: ¿A donde diablos van las otras palomas?

Pobrecita paloma sin palomar. Lo más probable es que también merezca su lugar, pero cuando escogió volar, otras n-1 palomas decidieron lo mismo. Y ahora está condenada a seguir volando en un abismo esperando tal vez que, algun dia, aparezca un nuevo palomar.

Supongo que esta temerosa y excitante situación no sería una aventura si hubieran mas palomares que palomas. Que mal uso de los recursos palomos sería. ¿No?

sábado, abril 14, 2007

Los dioses que terminaron la guerra

El siguiente relato está plagado de incoherencias y absurdos que cualquier aficionado a la filosofía podría destruir con tan solo un pestañeo. El mismo pestañeo omnipotente de un creador...


"Entes todopoderosos, hemos vivido en un periodo de barbarie durante los últimos cinco mil años. El mundo ha sufrido cambios irreparables y daños acelerados típicos de un planeta en agonía.
Desde que les dimos el libre albeldrío, las comunidades no han hecho más que progresar en pos de una evolución egoísta y autodestructiva. Se han convertido en el primer ser multicelular que se condena a sí mismo a su propia muerte.
Las regiones del este libran guerras contra las del oeste. Las del sur libran guerras contra las del norte. Una vez ganadas o perdidas (porque al fin y al cabo, en una guerra nadie resulta vencedor), las regiones libran guerras con sus vecinos. Y una vez ganadas o perdidas las regiones libran guerras contra las propias regiones. Desatándo guerras internas que consumen los estados como una estrella que consume su combustible nuclear.
Comienzan a girar en torno a su inminente bucle hasta agotar su reserva de energía. En las regiones pequeñas el terror sembró la muerte, dándole cábida a una momentánea paz, hasta que las grandes regiones las ocuparon, extrayéndoles los remanentes de energía.
Se agruparon, firmaron pactos de sangre y agua. Y luego los derribaron como si hubieran sido forjados en barro y cenizas. Las regiones grandes también libraron sus propias guerras, pero su tamaño superaba un valor crítico que impedía la muerte, explosiones electromagnéticas crearon racimos de otras explosiones electromagnéticas, una reacción en cadena que debilitaba la vida sin poderla aniquilar.
Nos han olvidado, en los últimos mil años han desarrollado su intelecto en una forma ordenada y creciente. Intentando explicar nuestras habilidades. Han cuantizado las tormentas de Thor y modelado los torbellinos de Eolos. Conciente de sus limitaciones físicas construyeron gigantes de hierro Bordaron en los corazones de sus hijos un símbolo de nuestra inexistencia. Olvidan fácilmente lo que sus propios padres hicieron, no los respetan ni a ellos ni a su memoria. Es hora de decir basta! No resistiremos su injusticia ni su inequidad.
Su fisiología imperfecta les confinó a su mundo, lleno de residuos nucleares y alguna que otra reserva de agua. Pero ahora, su instinto de supervivencia los impulsa a salir de la atmósfera que le hemos creado. Pronto estarán en condiciones de albergar un nuevo planeta para colonizar y agotar. No debemos permitir esta atrocidad. Ya hemos perdido a un mundo, no cometamos el mismo error.
Sé que la mayoría de ustedes puede sobrevivir en cualquier atmósfera. Pero también sé que estarán de acuerdo conmigo en que hemos de salvar al mundo y terminar con las guerras. Porque nosotros, aún con la perfección, necesitamos mirar el cielo y las estrellas u oler los azahares en primavera a fin de ser concientes de nuestra propia existencia.
El día de hoy los convoco para renegar del pacto milenario e interactuar con los humanos en su mundo. Debemos poner fin a la guerra."

Un vitoreo sacudió el olimpo, el orador levantó sus brazos y sonrio. Finalmente dijo: "Que así sea". Soltó un grito desgarrador y luego contrajo sus brazos, casi como si intentase cargar energía.

Los oyentes se mostraron reacios al principio, pero uno a uno se fueron sumando al grito desgarrador y el posterior proceso de concentración.

En otro plano dimensional, Las tormentas dominaron los golfos y las costas del pacífico. Los volcanes se detonaron en todas las islas del círculo de fuego. Los humanos, en un vano intento de unirse enviaron sus naves espaciales, pero un gigante de grandes músculos las desglutió.
En todo el mundo crecían los desastres y la población disminuía. Pero aún era demasiado alta para una aniquilación absoluta.

El orador movió los labios y en un idioma de un medio telekinético les dijo a todos. "Es hora".

Todos ellos pestañearon y el mundo se sumergió en tinieblas. La humanidad había desaparecido, y con ella todas las guerras se habían terminado.

Finalmente, tenemos un precioso mundo pata contemplar, vacío y lleno de cuerpos mutilados.

Los dioses aplaudieron y en un tiempo imperceptible se retiraron del olimpo. El orador observó que uno de ellos continuaba fijo en su lugar.
"Hay algo que desees agregar?", preguntó. El interpelado levantó la cabeza y en un tono de melancolía meramente humano contestó:

"Me pregunto que ocurrirá cuando nosotros, los propios dioses, entremos en guerra..."

lunes, abril 09, 2007

Letanía Bene Gesserit

No debo tener miedo. El miedo mata la mente. El miedo es la pequeña muerte que lleva a la destrucción total. Afrontaré mi miedo, dejaré que pase sobre mí y a través de mi. Y cuando el miedo haya pasado, giraré mi ojo interior para escrutar su camino y ver que donde antes estaba el miedo no habrá nada. Sólo estaré yo.


Extraído de Dune, de Frank Herbert

jueves, diciembre 28, 2006

Voces del otro lado


Lo diré de una vez. Tengo miedo. No, no es miedo a la muerte. Creo saber aceptarla. Llevo mi mortaja conmigo cada vez que voy a alguna conferencia, por mas aterrador que eso le parezca a mi esposa.
Tampoco es miedo al futuro, ya me estoy poniendo viejo, y creo haber inculcado buenos principios a mis hijos. Asi pues tampoco tendría que tener un obsesivo temor por su futuro.
No es hacia el calentamiento global, ni al terrorismo (no del que mata 30 personas en un restaurante y todos condenan, sino del que mata medio millón en un país y todos aplauden)
Mi querido lector, tengo que confesarle que tengo una fobia incontrolable hacia un conjunto de circuitos integrados, microfonos y parlantes. Le tengo miedo al teléfono.

Si. Al teléfono. Tanto los gigantes teléfonos públicos como los celulares con bluetooth (¿Así se escribe, no?)
Imaginelo. usted presiona un botón o descuelga un tubo de plástico y se escuchan voces del otro lado. Mi abuela compartía el mismo temor, aunque creo que lo de ella era simplemente temor a lo desconocido.
No, señor lector. Yo no le temo a la tecnología, es más, la conozco bien.
Yo le temo a las voces que se escuchan del otro lado. No es que crea en fantasmas ni en enviados del diablo, lucifer o shaitán, como quieran llamarle. Pero tengo que admitir que más de una vez he escuchado voces de ultratumba al contestar. Como el día que mi padre llamó para decirme que mi madre había muerto o cuando la ex novia de mi hermano aulló (si, aulló) preguntando por él, pobre chica, me pregunto que será de ella.

Es una máquina diabólica incontrolable. Digna de seres como el Cuco, el Hombre de la Bolsa, y Drácula.
No puedes saber con certeza cuando va a sonar el terrorífico zumbido de la campanilla y la mayoría de las veces ocurre cuando estoy apenas sentándome en el baño, o apenas domitando. En esos casos normalmente no lo contesto, pero hay veces en que algun ente insistente llama y llama, el teléfono suena quince veces y el tipo sigue intentando. Me levanto apresurado analizándo la posibilidad que sea una emergencia y atiendo el teléfono luego del timbrazo número diecinueve.
Atiendo y me encuentro con la no muy agradable voz de mi tía. Que además de interrumpirme tengo que soportar sus quejidos.
-¿Para qué diablos tienes teléfono si nunca atiendes? - Bueno, no dicen diablos, pero no quiero ser grosero. Siempre me veo en la obligación de dar detalles de mi fisiología.
- Pero si estaba en el baño pues. ¿Quieres que tenga el inalámbrico al lado del inodoro?
- Y encima te me haces el picarito...
- Bueno, ¿Pero qué necesitabas?
- Necesito que me bajes unas cosas de internet.
Exacto. Tras muchos quejidos resulta que te llaman para pedirte favores. Vale, tengo banda ancha, pero tampoco es para bajarle trabajos prácticos de geografía a mis primos. En mi época eramos bien machos. ¡Buscábamos solos en el Encarta!

Pero no solo los queridos parientes llaman en horarios impredecibles. Los números equivocados están a la orden del día. Pero bueno, no puedo culpar la estupidez o la negligencia. He de admitir que yo también me equivoqué de número una vez. Fue doloroso para mi orgullo, y más aún para mi bolsillo pues se trataba de una llamada a Canadá.

Sin embargo, de las llamadas molestas, las que mas detesto son las de las compañías telefónicas. Siempre preguntan por el titular de la línea y comienzan a ofrecer sus mágicos servicios de larga distancia. Tres veces cometí el error de atenderles bien. Me tuvieron, en total, una hora y cuarenta y cinco minutos con el tubo en la mano. Eso es dañino, querido lector. Aún para un jóven de treinta como yo.
Descubrí varias maneras de cortarles rápido a tales alimañas de la comunicación. Mi favorita era simular un llanto desconsolado cuando preguntaban por el titular y aludir que estabamos en su velorio. Una vez invité a salir a la señorita que llamó -todavía era soltero ¿Eh? no vayan a pensar mal- fue tal vez la única vez en la historia que la compañía de teléfonos me cortó a mi.

Querido lector, el teléfono me perturba. Si alguien quiere comunicarse conmigo lo puede hacer en persona, por internet, o con señales de humo. ¿Por qué tiene que torturarme con un llamado telefónico?
Le temo al teléfono, porque cuando alguien llama, siempre es para pedir algo. Mi madre, Dios la tenga en la gloria, solía decir "Nadie llama para regalar nada". Intentando ir contra la corriente, una vez llamé a un amigo que no veía hace tiempo solo para saludarle. Me trató de borracho, se burló y luego cortó. Mi madre era una mujer sabia.

Hace algunos años recibí el llamado de una amiga que no veía desde el secundario, solo para escuchar su temblorosa voz que agonizaba, al día siguiente recibí un llamado enterándome que murió. Supongo que al menos se acordó de mi en sus últimas horas. Luego de ese suceso estuve varios días sin atender el teléfono.
Hace poco tiempo, un amigo de la universidad descargó toda su ira declarándome su odio. Al día siguiente murió electrocutado. Pero no daré mas detalles al respecto.
Recuerdo que el tipo me cortó y quedé escuchando el intermitente tono a 440 Hz bajo una fina lluvia.
Si, muchos traumas tuve con ese pequeño aparato. Por eso es que ahora, simplemente le tengo miedo al teléfono.

sábado, diciembre 02, 2006

Allá lejos

A veces me pregunto si valdría la pena alejarse de todo el mundo y vivir sin ser conciente de la vida.

En la antesala de la crisis mas profunda que jamas haya enfrentado. Me encuentro un sabado por la tarde sentado frente a la pc escuchando la radio. Lo que es bastante raro en mi, que nunca escucho radio.
Si un ente positrónico se encargara de velar por mi, no me dejaría escuchar radio jamás otra vez. Me intentaría salvar y me alejaría.
Me alejaría de los medios de comunicación, porque el deseo entra por mis ojos y por mis oídos. "Ojala entrase por el tacto", pienso a veces. Pero son esas veces en las que estoy oculto en el horizonte, saludando a Orion cuando se muestra entre las nubes.
Deberían alejarme de la calle, que las propagandas en los carteles, colectivos y diarios también me envían sus mensajes. Podría cortarme los receptores de señal, pero creo que me dolerían los párpados. La última vez no fue nada placentero.
Me quito los auriculares, pues han comenzado a hablar, aquéllos que gatillan mi horror como el platino del distribuidor de un auto.
Me alejaría de mis amigos, tan heterogéneos y pensantes. De mis profesores, y tan solo les pediría libros y notas buenas.
Reemplazaría la ciencia por la historia y la pasión por la rutina.
Dejaría de comer, de beber y de respirar, todo aquello que no he de comer, de beber ni de respirar.
Trabajaría con ojos vendados en una maquinaria que nada me permita saber del mundo. Golpearía clavos con un martillo y recibiría descargas eléctricas en cada descuido.
Conseguiría dinero suficiente y buscaría una esposa, una mujer sencilla que busque alejarse y esconderse al igual que yo. Posiblemente querría cientos de hijos antes del primer lustro, y miles de fotos de montañas y árboles, con ella a un costado, y venados por todas partes.
Eliminaría la gente, las borraría con photoshop.
Con una naturalidad propia de una secta, buscaríamos más como nosotros. Juntaría dinero y viajaría a algun remoto país del que nada sepa, solo su legislación. Sonreiría poco, me centraría en meditaciones redundantes y criaría los niños, ya crecidos e hiperactivos.
Les educaría para odiar el mundo, excepto el que nosotros conocemos, y luego les mandaría a jugar con piedras y pelotas improvisadas.
Mi cuerpo habría dejado de pesarme, me habría acostumbrado ya a la escasez fibras y al agua con sarro
Viviría sin ser conciente de la vida, mis hijos habrían crecido y se habrían reproducido con otros hermitaños. Ellos parecerían sonreir de tanto en tanto. Yo no recordaría lo que eso significaba, hasta lo tomaría como una falta de respeto. Les adoctrinaría que es preferible mantenerse serios y hablar poco. Como si estuvieramos obligados a usar la menor energía posible.
Abandonaría las ropas, y me cubriría con amplias telas de oscuros colores. Ni siquiera me afeitaría ¿Para qué gastar energía?
Pasarían otros años y mi cuerpo comenzaría a fallar, una caída, un virus. Y moriré.

Parpadeo, la radio sigue encendida.
A veces me pregunto si esto es lo que busca una religión. Alejarte del mundo como lo conoces y desprenderte de tu cuerpo, sentido a sentido. Hasta llegar a ser tan eficiente y mecánico como un vegetal.

viernes, noviembre 03, 2006

El reinicio del tiempo

Esta es la historia de Abel Telline, tal y como el la relató antes de sumergirse nuevamente en un mundo de incertidumbre que afirmó preferir. No suelo publicar este tipo de textos , pero en este caso, considerenlo un tributo a aquél que construyó el primer Tempovisor. Traté de no omitir ningún detalle para respetar su "memoria", ya que si dependiera de mi criterio, borraría la mitad de su historia, llena de acotaciones irrelevantes.
Alfredo Rodriguez. 5 de Marzo de 2007

Despertando


Lo primero que recuerdo es haber abierto los ojos y haber encontrado una mujer al pie de la cama leyendo, tenía la mirada perdida como si no estuviera prestando atención a la revista.
Intenté moverme pero me sentí muy débil, apenas logré correr un poco la sabana. El quejumbroso sonido de mi respiración alertó a esa mujer de mi estado conciente.
Se levantó súbitamente y saltó hacia un lado de la cama. Me tomó de la mano y estoy casi seguro que pude ver como sus ojos se llenaban de lágrimas.
- Abel. Mi amor ¿Me escuchas? - Dijo con un tono suave, su voz sonaba ronca como si hubiese estado llorando.
No reaccioné de inmediato. Intenté hablar pero solo tosí.
- No, no, tranquilo, no hables. Los médicos dicen que estarás bien. - Dijo con una voz más armoniosa, me arropó y puso su mano sobre mi frente.
En ese momento me dí cuenta que no sabía donde estaba, ni tampoco muy seguro de quien era yo. La cabeza me dolía demasiado y todo era muy confuso. Ella seguía jugando con mi cabello y sentía su mano temblar. "Debe haber pasado por algo muy terrible ", pensé. Pero el mundo no dejaba de dar vueltas, me sentía desorientado.
- Abel, aquí llegó el médico. Mi amor, ¿Cómo te sientes?
Junté fuerzas y finalmente pude coordinar mis cuerdas vocales. El médico sonreía, al igual que la mujer. Entonces dije lo que realmente quería saber en ese momento...
- ¿Quien eres tu?

Stacy,(así se identificó la mujer), lloraba mientras los médicos debatían mirando un electroencefalograma, sea lo que haya sido eso.
- No hay una clara lesión ni en el encéfalo ni en el cerebelo - Dijo uno de ellos, flaco y ruludo.
- Yo creo que es evidente la presencia de una lesión ¿Cómo explicas la amnesia? - Agregó otro, mas gordo y viejo, parecía tener un rango mas elevado.
- Busqué casos similares, patrones conocidos, ninguno coincide con una amnesia traumática.
- ¿Entonces qué sugiere Ud, Doctor? - Dijo el más viejo, con un tono visiblemente sarcástico. El flaco se erguió como si se hubiera sentido tocado por ese comentario.
- Toda la evidencia apunta a una amnesia psicógena o simulada.
- ¡Psicógena! ¡Por el amor de Dios, el hombre cayó de un primer piso!
Ambos siguieron discutiendo unos minutos hasta que sonó un celular. Se miraron e inmediatamente se fueron de la habitación dando rápidas ordenes a la enfermera del pasillo.

- ¿No recuerdas nada de nada? - Me preguntó Stacy, ya calmada y asumiendo la realidad
- No. Lo siento.
- No, no, tu perdóname. Es que con todo lo que ha pasado...
- ¿Qué pasó, exactamente?- Dije con un tono cortante. Stacy dudó en contestar.
- Tuviste un... accidente.
- Escuché a los médicos decir que caí de un primer piso.
- Si, fue terrible... ¿Pero qué hacías en ese hotel? Me dijiste que salías por un asunto del trabajo.
- La verdad es que no me acuerdo de nada. - Dije mirando hacia otra parte. Por primera vez me di cuenta que no sabía quien era, ni que hacía. ¿En qué trabajaba?.
Stacy se acercó rápidamente.
- No te preocupes, mi amor, de a poco te acordarás. Yo te voy a cuidar. ¿Si?. No te preocupes por nada.
Dos días después el médico me dio el alta. No me dijo nada respecto a mi amnesia. Solo me dio un turno 10 días después para revisión.
Salimos y en la esquina del hospital Stacey paró un taxi. Se dio media vuelta y me sonrió
- Vamos a casa, Abel.

El suplicio de no saber

Era un departamento pequeño pero cómodo, hasta un tanto acogedor. Esa noche comiamos un esquisito arroz con una salsa especial. "Secreto de familia" dijo Stacey. En ese momento pensé que me gustaría saber algo mas sobre su familia, y a continuación el aluvión de preguntas volvió a mi cabeza.
-¿Stacy?
- ¿Aha? - respondió mientras masticaba.
- ¿Puedes contarme algo... de mi? - Dije con algo de duda. Stacey dejó de masticar
- Muy bien, Abel, ¿Qué quieres saber?
- Buenisimo, al menos ya sé que me llamo Abel.
-Mi amor...
- No, esta bien. Tengo que acostumbrarme a la idea de no saber quien soy ni que hago.
- Eres Abel Teline, científico, te gustan las películas de ciencia ficción y eres romántico, apasionado y muy mal bailarín. ¿Algo más?
Solo atiné a sonreir.

Me acosté pero apenas pude dormir. Desperté asustado, me levanté a tomar un poco de agua y me vi en el espejo.
Me agarré la cara, tenía barba de varios días. Estaba confundido. La cabeza todavía me daba vueltas. ¿Soy científico? ¿A qué me dedico? ¿Que pasó conmigo? ¿Que hacía en un hotel?
-¡¿Que diablos pasó conmigo?! - Grité mientras me agarraba del espejo.
A través del espejo vi que Stacey estaba despierta, abrazada a su almohada. Me pregunté que estaría pensando. Pobre Stacey, tenía que lidiar conmigo.

Por la mañana temprano Stacey salió a trabajar, no pude entender exactamente a que se dedicaba. Creo que tenía algo que ver con diseño de interiores.
El departamento era mas bonito de lo que recordaba de la noche anterior. La luz entraba por un gran ventanal inundando con una luminancia perfecta.
Comencé a recorrer las habitaciones buscando algo que me ayudara a recordar. No encontré nada interesante. Totalmente rendido y sin ánimos para salir a la calle me recosté en el sofá, tomé el control remoto pero el televisor no encendió. Frustrado me levanté para apretar el botón de encendido.

Lo primero que se me ocurrió fue ver los canales de noticias. Todos los canales transmitían un evento multitudinario y, luchando contra mi escepticismo, subí el volumen y escuché lo que hablaban. Un hombre medianamente mayor, bastante bien vestido, hablaba en ingles sobre armas, misiles y pueblos endemoniados que resultaban peligrosos para la humanidad. No pude más con mi genio y cambié de canal. Un canal japonés transmitía también el dichoso evento, pero me sorprendió ver una pantalla dividida. En una aparecía este hombre y en la otra fotos y filmaciones de remotos lugares en algún lugar de oriente medio. Niños arrojando piedras a tanques de guerra, un avión bombardeando templos religiosos y una foto aterradora de un bebé muerto con un agujero en su pecho. Bajo la foto aparecía una leyenda "Nótese como el francotirador apuntó cuidadosamente antes de disparar".

La manó comenzó a temblarme. Solté el control remoto y miré fijamente el televisor. Sentía una punzada en la cabeza. Todo mi cuerpo comenzó a temblar con pulsos periódicos e intensos. Llegó un momento en el que el dolor se volvió insoportable. Logré agarrar el control remoto y apagar el televisor. Me levanté, aún con esos espasmos esporádicos y me fui al baño a lavarme la cara. En el espejo vi mi imagen nuevamente, pero esta vez sentí que la reconocía. Me acerqué a menos de diez centímetros del espejo y me dije a mi mismo.
"Dichosos de aquéllos que no son concientes de la infinita injusticia".
Stacey volvió poco después. No le comenté nada del episodio.

Los primeros días fueron marcados por la total incertidumbre. Conocía muy poco y no sabía que hacer. Comencé a salir del departamento, lo que me sirvió para recaudar más información. Pero todavía no sabía quien era yo, ni que me ocurrió.

Recordaba las palabras del médico. "No hay una clara lesión". "Amnesia psicógena o simulada".
Busqué en la red pero no encontré nada relevante. Finalmente, por insistencia de Stacey, decidí ir al hospital, pero yo no iría exactamente a revisarme, sino a recabar más información.

El taxi tardó unos veinte minutos en llegar al hospital. En las inmediaciones algunos vagabundos ocupaban la vereda mirándome con absoluta indiferencia. En la entrada una mujer lloraba desconsoladamente abrazada por otras dos mujeres. Unos metros más allá un hombre fumaba nerviosamente un cigarrillo que apenas pudo encender. Sobre la vereda, y casi estorbando la entrada estaban un lustrabotas, un canillita gritando el nombre del periodico que vendía y un hombre con un carrito que vendía desde gaseosas hasta facturas.
Era una imagen desoladora. ¡Que diferente parecía la entrada del hospital ahora que entraba caminando!

Pregunté por el médico que me atendió, señalaron a un flaco que recorría las salas de traumatología y automáticamente lo reconocí. La segunda cara que vi desde que desperté en esa cama

Me introduje, me saludó, sonrió y parecía contento de verme. Estoy seguro que no se acordaba de mi, pero era imposible notarlo. Me dijo que lo esperara en una salita y allí fui.
Entró veinte minutos después con unas hojas, seguramente mi historia clínica. Ahora ya no habría manera de comprobar que no se acordaba de mi.
Me examinó la cabeza y me hizo algunas pruebas de reacción que supuse eran simple rutina. Entonces aproveché para preguntarle.
-¿Doctor?
- Dígame - contestó cordialmente.
- Cuando estaba internado, le oí decir que no se me había detectado una clara lesión. ¿Qué significa eso? - lo dije rápidamente, queriendo dar a entender que iba directo al grano.
El médico dudó por un instante.
- Bueno, eso buena noticia, significa que no sufrió usted daños físicos permanentes. - Dijo con un aire mentiroso.
- Doctor, soy científico, entiendo de estos temas. Puede decírmelo- Mentí.
El muchacho volvió a dudar y finalmente cedió:
-Muy bien - Hizo una pausa, tomo aire y continuó. - El cuadro de amnesia que usted presenta es típico de un severo traumatismo craneal. En las radiografías no fue detectada una clara lesión, solo en la tomografía se pudo observar los indicios de una sutíl inflamación en el cerebelo.
- Creí que había caído de un balcón. ¿Cómo es posible eso?
- Es lo que también me extraña a mi. Mire, usted recibió un golpe leve en un preciso lugar - Señaló detrás de mi oreja - pero su cráneo actuó como una caja de resonancia. En condiciones normales eso no afectaría en lo más mínimo...
- ¿Pero en mi caso...?
- Tuvo suerte de no salir con traumatismos graves, pero con la mala suerte de haber golpeado en el único punto de la cabeza que puede causar una lesión en la región de memoria del cerebelo. Le causó una amnesia psicógena. Pero no se preocupe, en este tipo de casos la recuperación de memoria suele ser progresiva, solo tiene que tener paciencia.
- Gracias Doctor.
- No, por favor señor Telline, estoy para servirle.

Volví a casa desanimado. Solo había sido un trágico caso de "mala suerte". Sonreí antes de entrar. Le dije a Stacey que el médico me dijo que estaba mucho mejor y que pronto comenzaría a recordar cosas.

Había llegado a un punto muerto de mi investigación. La sensación imperiosa de saber me carcomía y cada tanto tenía mis arranques de furia. Mi relación con Stacey iba en decremento. No podía culparla, a esta altura mi única obsesión era el saber.
"Podrías aprovechar para empezar de nuevo". Solía decir Stacey. Mas no podía simplemente ignorar toda mi historia. Cada día recordaba detalles nuevos pero mi identidad o mi trabajo seguían permaneciendo ocultos.

Como un manotazo de ahogado decidí ir al hotel donde ocurrió el accidente. Esta vez no tomé un taxi, me parecía que ya estaba gastando mucho dinero y ya me sentía lo suficientemente lúcido para usar los temibles medios de transporte masivos.
Llegué al hotel, un bonito hotel de tres estrellas, tenía un muy bien cuidado jardín delantero y unos sillones en en la recepción que parecían muy cómodos. Antes de entrar miré hacia arriba y vi una sucesión de balcones que se elevaban decenas de metros por encima mío. Sentí un pequeño temblor en la mano, sabiendo que de uno de esos balcones yo había caído un mes antes.
Había estado dudando que preguntar y como. No sonaba muy bien un "Hola! Soy el que casi se muere cayéndose del balcón, ¿Le importaría decirme que hacía yo aquí ese día?", pero parecía lo más efectivo.
Afortunadamente nada de eso hizo falta. Ni bien me acerqué a la recepción un ávido joven se levantó de su taburete apresurado y me sonrió.

-¡Doctor Telline! ¡Me alegro de verlo! ¿Cómo está usted? - dijo el joven en un tono muy amistoso. Mi problema de como presentarme se había solucionado.
- Hola... - Contesté dudando - Estoy mucho mejor, gracias.
- Me alegro mucho. ¿Sabe? Todos estábamos muy preocupados por usted. Fue un terrible accidente... - dicho esto, el joven bajó la mirada, visiblemente apenado.
- Muchas gracias a todos - dije, fingiendo saber a quienes se refería - Sabes, tengo un par de preguntas que hacerte si no te molesta.
- ¡Pero por favor, Doctor! Dígame en que puedo ayudarle. - respondió mostrándose contento por ayudarme.
- Sobre el accidente...
- ¿Si?
- Recuerdo muy poco de ese día. ¿Recuerdas exactamente que pasó?
- Pues... oí un estruendoso reventón en el jardín, salí corriendo y lo... vi a usted.

El joven relató todos los acontecimientos de ese día. Como llegó la ambulancia y luego la policía. Que la hipótesis que mas se manejó fue un suicidio aunque los muchachos, que a esta altura los había identificado como empleados del hotel, no lo creían. Le agradecí su amabilidad y me disponía a marchar. Pero me detuve en el umbral de la puerta atosigado por una súbita duda.

- Por cierto. ¿Qué pasó con mis cosas?
- Se las enviamos a la universidad, por supuesto.
"¿Universidad?". Pensé sorprendido, un raudal de dudas volvía a inundarme, mas solo atiné a sonreír.


Volví a casa. Era bastante tarde, Stacy apenas me habló durante la noche. Mientras comíamos le mencioné la universidad, pero ella no pareció inmutarse, habrá estado muy molesta por algo. A la mañana siguiente preparé una muda de ropa en un pequeño bolso y ni bien terminé el desayuno ya estaba listo para irme.
No había terminado de abrir la puerta cuando oí los sollozos de Stacey, quien corrió y me abrazó. Solté el bolso y la abracé. Entonces escuche una voz increíblemente aterradora, la suya. Tenía la voz quebrada de tanto llorar.

- Por favor, mi amor. No te vayas. No de nuevo - dijo sollozando -Por favor, Abel. Quédate conmigo. Tenemos una oportunidad única de ser felices otra vez. No te vayas.
-Stacey... - dije asustado. No sabía como reaccionar ante tal situación. "Momento... dijo 'de nuevo'?" - Stacey. ¿ A qué te refieres con que no me vaya "de nuevo"?.
- Trabajas en esa universidad pero ya no lo soportabas. Salías todos los días temprano y no volvías sino hasta después del ocaso.
- Tu... - Dudé un instante y luego continué - Tu sabías de la universidad...

Stacey me abrazó mas fuerte y me contó lo que sabía de mi trabajo en la universidad (aunque no parecía saber demasiado al respecto). Habló de como comencé a tener ataques de histeria durante un mes y que cuando llegó ese accidente, temió lo peor. Entendí entonces porque parecía tan factible la hipótesis del suicidio.

- No sé que es lo que te estaba molestando tanto, pero después del... accidente puedes volver a vivir en paz. No quiero que te vayas, Abel. No quiero que vuelvas a ese lugar que casi te mata.

Tenía suerte de estar con una mujer como Stacey que me quisiera tanto. Por un momento pensé en dejarlo todo y hacerla feliz. No podía soportar ver las lágrimas saliendo de sus ojos y su carita entremecedora. Me llegaba muy adentro.
Pero ni bien lo pensé sentí un vacío en mi interior, como una avalancha de dudas e impulsos eléctricos recorriéndome todo el cuerpo con constantes escalofríos. No podría vivir sin saberlo.
Le di un beso en la frente, la solté y agarré el bolso.

- Volveré - Prometí falsamente, como si realmente creyera que no iba a regresar en una sola pieza de lo que sea que me espere.

La ayuda de un excéntrico físico teórico, valga la redundancia.

Un colectivo interurbano me dejó en la puerta del campus de la universidad. La entrada no estaba muy bien cuidada y un cartel , que seguramente fue amarillo en otros días, daba la bienvenida. Di mi nombre en la casilla policial y al cabo de un minuto me permitieron pasar. No sabía a donde ir así que comencé a caminar.
Llegué a un lugar bastante más vistoso con un modesto cartel en una reja que decía "Facultad de Derecho", y unos cien metros después la puerta principal a tal recinto. Se podía apreciar como una cantidad inconmensurable de personas llegaba a la facultad, fácilmente se podría haber confundido con un cardúmen sino fuera porque violaban las leyes de la hidrodinámica al llegar a la puerta. La velocidad de las personas decrecía y la presión entre ellas aumentaba. Temía que alguien me reconozca, rogaba que mi doctorado no sea en leyes. Sentí ciertas nauseas y pensé en cuan aburrida me parecía la literatura judicial. Sacudí la cabeza y me di cuenta que acababa de recordar mi desprecio por los abogados. Solo atiné a sonreír.

Crucé frente a varios edificios e inclusive una playa de alta tensión. Me apoyé en el alambrado y suspiré. Di media vuelta y quedé frente a otro edificio, un poco mas chico que los otros pero con igual imponencia. Típica sensación de poder de la arquitectura griega.
Entonces sentí una nueva punzada en la cabeza, sentí que había visto ese edificio muchas veces antes desde el mismo ángulo. Sin pensarlo dos veces crucé la calle, atravesé el jardín de setos, subí las modestas escalinatas y entré a la facultad de física.

Me detuve un momento para pensar el próximo paso a seguir. Deambular por la universidad no es la mejor imagen que un hombre de mediana edad pueda dar. Parecería un ávido alumno nervioso por inminentes exámenes.

Decidí que los dos lugares mas concurridos de la facultad son la biblioteca y el bar. Me resultó tentador adentrarme en el bar al ver hermosas señoritas saliendo de él. Pero luego una de ellas encendió un cigarrillo y sentí una repulsión muy grande.
La biblioteca estaba en el tercer piso. Era bastante cómoda y la iluminación era perfecta. Artefactos de 3 lámparas fluorescentes se ubicaban en una grilla con una separación de 3 metros. Pasé al lado de la bibliotecaria y me sonrió:
- Buenos Días Profesor, ¿Puedo ayudarle en algo? - me dijo la mujer, de unos 40 años, con una amabilidad inesperada. Acostumbrado ya a recopilar información sobre la marcha le seguí la corriente.
- Buenos Días. No, hoy solo estoy caminando un rato, despejándome un poco del trabajo. - mentí.
- ¿Se encuentra usted bien. profesor? - inquirió, con una ceja levantada.
- No, ¿Por qué? - me defendí. Ella sonrió nuevamente y soltó una encantadora carcajada.
- No, por nada en especial. Solo que hace varios días que no le veo por aquí. ¿Ha terminado con su proyecto?

"Proyecto..."

No llegué a meditar sobre lo que acababa de oír cuando un hombre, particularmente extraño, entró a la biblioteca. Llevaba un maletín viejo semi abierto y un sobretodo muy bien cuidado. Estaba quedando calvo y tenía una figura no muy agradable. Me miró y pareció sorprendido. Hasta podría decir que se asustó de verme. Dio media vuelta y se fue de la biblioteca. Ese hecho me dejó muy intrigado. Era evidente que ese hombre me conocía.
Me despedí de la amable bibliotecaria y me dirigí a la puerta dispuesto a perseguir al extraño hombre calvo.

Ni bien salí de la biblioteca una mano me agarró del hombro y me tiró hacia mi derecha. Cuando intenté reaccionar otra mano me tomó del cuello y me estampó contra la pared. Levanté la mirada y vi que se trataba de ese misterioso hombre. Aflojó un poco la presión (gesto que yo agradecí) y dijo:

- ¡Pensé que estabas muerto! ¿Que diablos haces aquí? - El tipo hablaba con fuerza pero sin levantar la voz - Venga, ¡Contestarme! ¿A que has venido?
Entonces respondí con la pregunta que más veces repetí desde que desperté aquél día en el hospital.

-¿Quién... quién eres tu?

Manifestada mi amnesia el tipo recobró la compostura, me invitó una cerveza y lo acepté sin chistar. "Algo le habré hecho al pobre tipo para que me haya tratado as.", pensé.

Se presentó como Alfredo Rodriguez, pero insistió en que le llamase Fred.
-Así que no te acuerdas nada... - dijo mientras le daba un sorbo a la jarra de cerveza. Miró fijamente mi jarra y asumí que esperaba que tome un poco. Agarré la jarra y me la lleve a la boca, pero antes de poder tomar algo él comenzó a reír a carcajadas.
- ¿Qué te pasa? - Pregunté indignado, no me gusta que se rian de mi, menos que no me digan porque.
- Realmente no te acuerdas nada... - Dijo casi suspirando - Odias la cerveza.
Dejé la jarra en la mesa y le miré enojado.
- No sé quien eres tu, ni quien soy yo. Ni siquiera que hago o solía hacer aquí. No debería ser tan difícil entender eso.
- Venga, tranquilo. Honestamente, tienes suerte de no recordar nada. - dijo y luego le dio otro sorbo a la jarra.
- Dime que motivos tendría para estar muerto - le hablé sin rodeos.
- ¡Hombre, pero que voy a saber yo! Si no querías hablar con nadie y cada vez estabas peor. Parecía que ibas muriendo de a poco. Cuando me enteré del accidente supuse un muy poco digno fin para tu mugrosa vida. - sonrió al decir lo último, supongo que la cerveza le estaba haciendo efecto.
- ¿En que proyecto estuve trabajando?
- En varios.
- ¿Cual de ellos pudo haberme provocado tal psicosis?
- Yo le llamaría neurosis
- ¿Cual de ellos? - Repetí
- Pues seguramente el de la máquina, grandísimo animal. ¿Cuál otro será? En ese trabajamos juntos. ¡Hombre!¿ Acaso recuerdas algo? ¿O has terminado por morirte?
- No recuerdo ni quien soy, ni a que hacía yo en esta vida. Pero no estoy muerto.
- Bonita contradicción habéis dicho allí. - sonrió y dio otro sorbo a la jarra terminando la cerveza. - Venga. Vamos al laboratorio. Si todavía tienes tus malditas habilidades tal vez puedas arreglar la máquina.
- ¿Qué le pasó a la máquina? - pregunté mientras me levantaba de la mesa.
- Eso deberías saberlo tu... fuiste el último en usarla.

Fred salió rápidamente del bar obligándome a pagar por una cerveza que no tomé. Me pareció un acto ofensivo, pero trate de no darle demasiada importancia, tal vez solo se olvidó.

El laboratorio se encontraba en el tercer piso del edificio, muy cerca de las escaleras y los ascensores. Me pareció un extraño lugar para un laboratorio, ya que el resto de los salones eran aulas. "Asi estamos más cerca del transformador, necesitamos mucha energía, ¿Viste?" me comentó Fred mientras abría la puerta. Su aparente estado de ebriedad había desaparecido.

Un taquión juguetón

Encendió las luces. Creí que iba a escuchar el imponente sonido de los contactores cerrándose y balastos comenzando a vibrar regulando la corriente de lámparas fluorescentes, otorgando una luminancia tan perfecta como una sala de operaciones.
Decepción fue la mía cuando vi encenderse solo dos lámparas, y otras dos ni siquiera llegaron a prender. El laboratorio era solo poco mas grande que la habitación en el departamento y las paredes parecían haber visto mejores años, al menos sin tanta humedad. Mientras dejaba su abrigo en una silla. Creo que me preguntó algo pero yo solo podía prestar atención a una telaraña de cables que sobresalía de una carcasa de metal que supuse era un motor eléctrico.

- ¿Y bien? - preguntó Fred
- ¿Perdón?- le dije mientras sacudía un poco la cabeza
- ¿Cómo está Stacey?
- Ah, si... mas o menos. No quería que venga. Temía por mi salud.
- Te digo la verdad tío, no he visto a un tipo tan machacado como estabas tu.
- ¿Qué era lo que tenía?
- Bueno, oscilabas entre un estado de paranoia y otro de fobia. Al final solo salías del laboratorio para ir a la biblioteca, así que la bibliotecaria y yo eramos el único contacto humano que tenías. Supongo que porque nos necesitabas, sino también nos hubieras repelido.
- Lo.. lo lamento - Dije suspirando.
- Venga Abel - me dijo agarrándome del hombro - tienes suerte de no recordar nada. ¿Por qué seguir en esto? Puedes ir a casa y estar con Stacey. ¡Llévala al cine o lo que sea!.
- Desde el primer segundo de memoria que recuerdo, solo he sentido punzadas en mi cabeza cada vez que alguien me ofrecía la posibilidad de borrar mi pasado. Por las noches apenas puedo dormir, despierto fatigado con un dolor en el pecho, envuelto en una curiosidad insaciable. Simplemente... quiero saber.
- Ahora entiendo porque Stacey se preocupa... - Me dijo Fred con una aire de compasión.
- Si. -respondí en un tono cortante - aunque por algún motivo ella no parece saber mucho de mi trabajo.
- Naturalmente - agregó Fred.
- ¿Cómo?
- Tu mismo lo dijiste... " Es una mujer sencilla, poco curiosa y que no le interesa la investigación científica. La mujer ideal para que no te moleste con preguntas por la noche".
No respondí.
- ¿Estás seguro que quieres seguir, lo has pensado bien?
- Si, No tengo ninguna duda al respecto - mentí.

- ¿Qué es eso? - Pregunté señalando al extraño dispositivo que me mantenía perplejo.
- Esa... es una máquina cuántica. Tu la construiste hace dos meses.
- Explicame por favor, todo lo que sepas de ella.
Fred comenzó a reir.

" Venga, supondré que eres uno de mis alumnos. Oh, he tenido esta charla tantas veces con mi propio espejo practicando para el día en que demos a conocer... en fin. Para saciar tus dudas generales respondamos dos preguntas sencillas. Qué es y para qué sirve.
¿Qué es? Ya te lo dije, es una máquina cuántica. Venga, una máquina cuántica es cualquier sistema cuántico, digamos en el dominio atómico, que interactúe con otro sistema cuántico intercambiando energía y momentum. Pero no nos pongamos exquisitos con los nombres técnicos. Básicamente un electrón y un protón conforman una máquina cuántica, imagínate, con campos electromagnéticos y fuerzas nucleares... ejem, no te interesa eso, ¿Verdad?. En fin. Esta máquina en especial descifra la información que obtienen los electrones de ciertos taquiones aleatorios. ¿Los taquiones? ¡Hombre! ¿Te lo tengo que explicar todo?. Son partículas que teóricamente se mueven más rápido que la luz. Si, si, todos sabemos que nada puede ir mas rápido que la luz, bueno, nada al menos en el espacio como nosotros lo concebimos. Imagina un espacio inverso, en el nada pueda viajar
más lento que la luz.
¿Para qué sirve? Bueno, eso es lo que tu conseguiste hacer tu, mi querido y estimado
colega, darle una utilidad a toda esta porquería."

Visiblemente emocionado, Fred se acercó a un escritorio y abrió un cajón del que sacó una foto. Estabamos él y yo abrazados mostrando una jarra de cerveza.
- No la tomaste. Pero querías una foto con ella. - Me dijo mientras yo seguía mirando la foto. - Fue el día que la pudiste hacer funcionar.

Sentí una punzada en la cabeza, percibía como mis pupilas se agrandaban y mi mirada se perdía por detrás de la foto. Recordaba ese día.

20 de Setiembre de 2006 - Laboratorio de Física abandonado.
-¿Qué diablos estás haciendo? - había preguntado Fred.
- Cállate, hombre. Deja que los que sabemos que hacer de la vida trabajemos.
- ¡Bah! Estos técnicos electricistas que no entienden una ecuación.
- Al menos no tenemos miedo de pelar un cable...
- Mira, Telline, estoy en esto desde antes que tu... - Comenzó a decir Fred, pero le interrumpí abruptamente con un grito de euforia - ¿Qué? ¿Qué pasa? - Preguntó espectante.
- Espera, espera... - Le había contestado. Pasaron dos minutos y luego había encendido la pantalla de la máquina.
Podías vernos a Fred y a mi en el laboratorio. Yo estaba trabajando en la máquina y él al lado contemplándome insapiente.
- ¿Qué diablos? ¿Hiciste una cámara de TV? - Preguntó Fred malhumorado.
- Shh... atento. - Le había contestado mientras movía una perilla para regular el sonido. Entonces el Fred de la pantalla habló:

¿Qué diablos estás haciendo? - había preguntado Fred.
Cállate, hombre. Deja que los que sabemos que hacer de la vida trabajemos.
¡Bah! Estos técnicos electricistas que no entienden una ecuación.


- Somos... ¿Somos nosotros? - dijo Fred, sin saber si preguntar o afirma
.
Yo había saltado de la silla totalmente fuera de mi.
- Oye Fred, estoy hay que celebrarlo con una buena cerveza.

Si hubiera sabido que esa era la primera vez en la historia de la humanidad en el hombre veía su propio pasado se me hubiera ocurrido decir algo más simbólico. Solté la foto y miré a Fred.
- Lo recuerdas... - Dijo pensativo.
- Si, al ver la foto...
- Entonces sabes como arreglarla. - recalcó con una sonrisa.
- No... lo lamento. No recuerdo nada más.

En ese instante, mientras veía a Fred pensativo mirando la máquina, me di cuenta que acaba de recordar una escena de mi vida. Me excité al pensar que era posible recordar y le pedí a Fred más fotos.
No tenía muchas fotos nuestras. Una con los muchachos del departamento de física, otra en una cena a beneficio en la universidad, Stacey estaba a mi lado en esa. "Pobre Stacey, que habrá sido de ella... debería llamarle." pensé.
Ninguna foto me recordó nada y entonces la excitación se me fue.

- ¿Cómo es posible ver el pasado? - le pregunté a Fred, sacándolo de su letargo.
- Bueno, yo había diseñado una máquina cuántica que interactuaba con taquiones, tu la ajustaste para darle un uso. Es bastante complicado de explicar. - concluyó Fred, pero me daba la impresión que si quería explicarmelo. Entonces insistí:
- Venga, dame la versión corta -Le dije con una leve sonrisa.

"Ahh.. ¿Cómo es posible ver el pasado? Esa pregunta filosófica, mística, religiosa y por sobre todo, científica, que ha rondado en las mentes mas ávidas desde los albores del tiempo. Bueno, había creado una máquina que interactuaba con taquiones. Como bien sabes, toda información puede transmitirse a una velocidad limitada por la velocidad de la luz. Miramos el cielo y observamos la luz que nos llegan de las estrellas. Pero esa luz que nos llega ha tardado miles o millones de años en cruzar todo el espacio y llegar a nuestra galaxia,
a nuestros ojos. No tenemos información de la estrella en el preciso momento que recibimos su luz, su información. Sino que vemos como era la estrella hace años. He aquí, mi estimado, el primer contacto con el pasado que tiene el hombre.
Si pudiésemos poner nuestro ojo cerca de la estrella, la luz tardaría menos en llegar y observaríamos un pasado más reciente. Pero siempre que estemos en la Tierra, estaremos limitados por la velocidad con la que la información se transmite.
Ese problema fue solucionado con la interacción con taquiones. Un taquión recibe información de su entorno en algún rincón del universo que todavía no ha recibido nuestras ondas actuales, viaja a una velocidad superlumínica y con esta máquina captamos esa información y la traducimos en impulsos eléctricos que luego serán imagen y sonido. Fui idea tuya, mi estimado, la de hacer de la máquina una antena de taquiones."

- No entiendo - dije con una sonrisa. Fred pareció desilusionarse.
- No hay caso, un técnico nunca comprenderá una explicación.

Decidimos que era demasiado por un día, me llevó a los dormitorios de la facultad. Un recinto atestado de chicos cargando libros y cuadernos de un lado para otro. Con algún que otro alma pérdida contemplando una ventana con una mirada lánguida.
Me ofreció una cama en la misma habitación donde el dormía. Ningún estudiante quería compartir habitación con un profesor así que tenía una cama extra. Por un momento me pregunté por que ningún profesor dormía con él, pero supuse que a ningún profesor le gustaría compartir nada con un estudiante.
Esa noche apenas pude dormir. Había sido un día revelador. Tuve un recuerdo detallado luego de ver una foto y tenía a mi alcance una máquina capaz de ver el pasado. Era mi oportunidad de saber que pasó. Sea como fuere, tenía que reparar la máquina.

Pasé los siguientes días en el laboratorio, vigilado muy de cerca por Fred, familiarizándome con todo lo que tenía a mi alcance. Decidí que era hora de abrir la máquina. Me sentía un poco molesto, la atenta mirada de Fred me carcomía. "¿Por qué no me deja trabajar en paz?" pensé.
- ¿Estás seguro de lo que haces, Telline? - preguntó un Fred tan expectante como un niño al que le están inflando un globo.
- ¡Ya deja de molestar! ¿Por qué no vas a resolver una integral o algo así? - le grité súbitamente, un instante después me calmé. -Mira... Fred, estoy un poco cansado. Disculpa. Me pones muy nervioso ahí parado.
Mas ya era tarde para disculpas, se alejó y se sentó en el escritorio con ojos entrecerrados, visiblemente ofendido. Continué trabajando mas ese día tampoco llegué a una solución.
Días después tuve otros arranques esporádicos de furia que luego no podía explicar.

"Si quisiera inhabilitar una máquina de modo que un excéntrico físico teórico, valga la redundancia, no la pueda reparar, ¿Que haría?" pensé. Quedé meditando un instante y luego sonreí. Seguí el cable de alimentación hasta la máquina y saqué una tapa que cubría el circuito. Entonces solté una carcajada. Fred corrió hacia mi y me preguntó que ocurría.
- Lo tengo,
mi estimado- dije irónicamente - Con esto debería funcionar.
- ¿Qué? ¿Qué es?¿Que tenía? - preguntó apresurado.
Podría haberle respondido que pensé como descolocar a un hombre que le teme a un cable, que abrí la tapa del circuito de alimentación y encontré un cable desconectado, pero no quería herir su orgullo. Así que solo respondí:
- Problemas de circuitería...

La cruda verdad no se debe ver...

Encendí la máquina y las lámparas disminuyeron su intensidad para luego restablecerse.
Apareció un cartel: "Ingrese coordenadas: " y unos espacios en blanco. Fred me dictó las coordenadas de la universidad y yo las introduje con el teclado numérico.
Apareció en la pantalla la imagen de la universidad, el ojo estaba a decenas de metros de altura y se podía ver todo el campus y los barrios vecinos. Fred gritó de alegría y yo me levanté con el corazón acelerado.
- Funciona... - susurré a mis adentros esbozando una amplia sonrisa.

Comenzamos a manipular las coordenadas obteniendo hermosas imágenes actuales. Cambiando las coordenadas con un paso sensible parecíamos tener control de una cámara de TV móvil.
Ajustando parámetros conseguimos ver las primeras imágenes del pasado. Unos pocos segundos la primera vez y luego varios minutos.
Recorrimos los paisajes mas hermosos desde el Atacama hasta el Everest, observando atardeceres una y otra vez. Salimos de la naturaleza y fuimos a las temibles ciudades. Mujeres escasas de ropa caminaban por las playas para nuestro deleite. Pero habría tiempo para voyeurismo después.
Nos adentramos en la ciudad y encontramos una muchedumbre alrededor de una casa, algunos policías caminaban por el jardín mientras otro colgaba entre dos postes una cinta con la leyenda"Escena del crimen, no pasar". Llevados por la curiosidad y sin los límites físicos de una cinta de plástico, entramos en la casa. Varios policías caminaban de un lado a otro y algunos conversaban en grupo, siempre en el medio de algún pasillo estorbando el paso. Un hombre sin uniforme entró a una habitación y le seguimos. Un charco de sangre se extendía por el suelo y sobre la cama yacía un cuerpo, o al menos eso parecía ser, pues estaba tan destrozado que solo la ausencia de vello excesivo nos hizo creer que se trataba de una mujer.
Sentí nauseas y un súbito mareo. Fred pareció ponerse pálido.
- ¿Cuánto hace que ocurrió? - Preguntó la persona sin uniforme, quien supusimos se trataba de un investigador. Un hombre, de unos cuarenta años y vestido con una bata blanca contestó:
- Por la temperatura del cuerpo yo diría que unas 14 horas, ocurrió en algún momento entre las 11 de la noche y las 3 de la mañana. Que fue la hora en que su marido afirmó haber salido.
- El quinto caso en un mes... - Dijo el investiador - Y ese maldito loco sigue suelto.
- Es todo un profesional - Respondió el hombre de bata, mientras movía algo que parecía ser un brazo.
No pude contener más y apagué la máquina. La escena era horrible, hacían bien en restringir el acceso. Me disponía a levantarme cuando sentí la mano de Fred en mi hombro. Lo miré y con un tono totalmente serio e indiferente dijo:
- Reajusta las coordenadas de los taquiones. Once de la noche del día anterior.
- ¿Estás loco? - grité - No quiero ver un asesinato, no es un espectáculo del viejo oeste Fred, ¿No viste como quedó esa mujer?.
- Calla... - prosiguió en un tono inmutable - Tenemos que ver quien fue y dar aviso a la policía.
Lo dudé un instante y luego puse mis manos sobre el teclado numérico. No iba a mostrarme sensible frente a Fred.

20 de Noviembre de 2006 - 11:35 PM
Un hombre de unos 30 años de edad se acercó sigilosamente a una ventana y observó a una mujer en el interior de la casa sentada en un sofá mientras cambiaba de canal. Se dirigió a la puerta principal y sacó del bolsillo de su sobretodo dos pequeñas pinzas. Se agachó frente al picaporte de la puerta y con una habilidad digna de un mago, introdujo las pinzas en la cerradura hasta que escuchó un particular "clic". Se levantó y abrió la puerta con elegancia. Solo un sismógrafo de precisión habría podido detectar los pasos de este deslizante hombre.
Llegó hasta el sofá y se paró detrás de ella. La agarró por detrás sin darle tiempo a reaccionar. Pataleó y manoteó con desesperación mientras el hombre le presionaba el cuello con fuerza. Momentos después ella se desmayaba y él la arrastró hasta la habitación. Le quitó la ropa con la delicadeza de un caballero, y antes de quitarla la ropa interior buscó nuevamente entre sus bolsillos para sacar un cuchillo.
No sabía que la sangre podía saltar tan lejos. Ni que un hombre con semejante inteligencia pudiera cometer tal atrocidad. La degolló y luego cortó sus brazos como si fueran rebanadas de pan. Ese cuchillo ha de haber estado muy afilado. Esparció la sangre por toda la habitación y finalmente se fue. Sin dejar rastros. Ajusté las coordenadas y bajo la atenta mirada de Fred, seguimos al hombre fuera de la casa, caminaba con una naturalidad escalofriante. Se subió a un auto y manejó un par de kilómetros hasta el centro de la ciudad. Llegó a un departamento y vimos lo que parecía ser la morada de un sicópata. Diarios viejos empapelando las paredes, algunas botellas de lo que parecía ser whisky tiradas en el suelo derramadas sobre la alfombra, y sobre la mesa, una jeringas y una liga. Parecía haber sido usada hace no mucho tiempo.

Apagué la máquina y miré a Fred.
-Es un mundo terrible... - Alcancé a decir.
Fred permaneció en silencio.
Cerramos el laboratorio y fuimos directamente a los laboratorios, ninguno de los dos tenía hambre. Esa noche no pude dormir, y tampoco creo que Fred lo haya hecho.

No avisamos a nadie del incidente, ni de lo que sabíamos. No sabíamos que decir ni como explicarlo. Durante una semana no pisamos el laboratorio. Con el correr de los días mi ánimo fue mejorando, solo perturbado por mi creciente curiosidad. Seguía pensando que tenía la oportunidad de saber.

...ni tampoco saber.

Un día Lunes, luego de un tranquilo fin de semana, regresamos al laboratorio, esta vez con un plan de trabajo. Fred tenía fechas y lugares anotados en una pequeña libreta.
Comencé a ingresar las coordenadas.

16 de Julio de 1945 - Nuevo Mexico - Estados Unidos
Un grupo de científicos esperaban ansiosos en el balcón de un edificio aislado en medio del desierto. Habían ocho, no siete como lo recordaba la historia. Todos mirando atentamente el horizonte con miradas serenas y expectantes. Un relámpago seguido de un ensordecedor estruendo desató la algarabía de los ocho. Uno de ellos dio media vuelta y dejó caer unos papeles. Fred me explicó que observando el movimiento de los papelitos este hombre estimó la fuerza destructiva de la bomba atómica. Minutos después los ocho se estrecharon la mano. El octavo, a quien Fred no pudo reconocer, se apoyó en la baranda y quedó contemplando el horizonte, los otros siete se disponían a bajar y le llamaron. Este dio media vuelta y contestó:
- La humanidad no está lista para el control de la tecnología nuclear y no quiero ser responsable de su autodestrucción.
Los otros siete permanecieron en silencio hasta que uno de ellos rompió el hielo con algun comentario que yo no entendí pero que le sacó una sonrisa a Fred.
Fred me insistió que siguiera a este octavo durante varias horas.
Al día siguiente un camión con soldados del ejército llegó al lugar, se pudo observar una discusión entre este octavo científico y un oficial de alto rango que ostentaba varias estrellas en sus hombros. Minutos después dos soldados lo escoltaron hasta el camión. Antes de que el oficial subiera, se detuvo ante los otros siete y preguntó:
-¿Están seguros que pueden continuar?
- Sí - contestaron todos al unísono. Y a continuación el oficial subió al camión.
Diez kilómetros habían recorrido cuando el vehículo se detuvo, sacaron al científico y le dispararon tres veces en la cabeza.

Sentí una punzada en la cabeza. "La humanidad no está lista..." pensé.
Fred no pareció inmutarse, solo tomaba notas.
Intenté borrar esa idea de mi cabeza y me volví hacia Fred.
- Dime Fred, si podemos ver el pasado, ¿Por qué no el futuro?
- Pero que pregunta mas tonta.. - respondió Fred sin levantar la vista.
- ¿Por qué? - Insistí.
Fred levantó la vista y con un tono indiferente, como si ya me lo hubiera explicado muchas veces, respondió:
- ¿Cómo diablos planeas interactuar con un taquión que aún no ha sido creado? - dijo Fred en un tono soberbio, y volvió a su pequeño cuadernito. No entendí exactamente que quiso decir.

Pasaban los días y Fred llenaba cuadernos, (aunque el papelero tenía igual cantidad de hojas porque arrancaba la mitad de ellas). Pero yo no me sentía mejor, apenas podía dormir por las noches y la incertidumbre me perforaba el pecho. Era testigo de los eventos perturbadores.

20 de Agosto de 1347 - Marsella- Francia.
Un barco llegó al puerto después de varias semanas en las que había permanecido desierto. Dos mujeres que caminaban con gastadas ropas llevando canastas lo avistaron. Corrieron hacia el muelle para escuchar las noticias que traían del este. Cuando ellas llegaron un hombre bajaba del barco por una pasarela improvisada. Se dirigió hacia ellas, intentó dar unos pasos y cayó.
Oh, il est tombe! Mais, qu'est-ce qu'il a?
[Oh, ha caído! ¿Pero que le ocurre?]
Saint vierge! Au secours!
[¡Virgen Santa! ¡Ayuda!]
Venez! Venez! Venez!
[¡Ven! ¡Ven! ¡Ven!]
C'est la peste! C'est la peste!
[¡Es la peste! ¡Es la peste!]
Sauve qui peut! Sauve qui peut!
[¡Sálvese quien pueda! ¡Sálvese quien pueda!]
Veinticinco millones de personas murieron en Europa a causa de la peste negra. No todos de una manera tan pacífica, sino que agonizaron mientras veían morir a los miembros de su familia.

Comencé a temblar. No podía resistirlo más. Demasiado terror, demasiado horror. Apenas podía controlar el ojo, esa sensación había crecido dentro mío y estaba en todo el cuerpo. La oscuridad se cernía sobre mi cabeza cuando oí una voz.
- ¿Abel?
- Dime.. - contesté. El temblor cesó. No me iba a mostrar débil frente a Fred.
- ¿Estás bien?
- De maravillas. Seguramente mejor que toda esa gente.... - dije con una voz melancólica.
-¿Qué pasa? - Preguntó Fred en un tono serio.
- Todo ocurre una y otra vez...
- ¡Abel!
Cerré los ojos y a los cinco segundos los volví a abrir, respiré profundamente y continué con el trabajo ignorando el llamado de Fred.

El reinicio del tiempo

A la incertidumbre se le agregaban temblores. No podía entender como la humanidad volvía a repetir sus errores. Los arranques neuróticos se volvieron mas frecuentes e intensos. No parecía que eso iba a cambiar.
Sorpresa fue la mía cuando Fred me invitó una cerveza, no íbamos a un bar desde el día que llegué a la universidad.
- ¿Qué es lo que tanto te molesta? - me preguntó mientras el mozo servía la cerveza.
Me negué a responder. Comenzó un jugueteo de "Nada, no me pasa nada", seguida de insistentes preguntas y una declaración de amistad. "Puedes confiar en mi", dijo Fred.
Entonces me harté de falsedad y comencé:
- Cambian peste por cáncer y diabetes. En la edad media los cruzados arrasaban con pueblos enteros. Hoy matan niños palestinos sin remordimiento. Envenenan pueblos enteros y el mundo los ve morir de hambre sin hacer nada.
Fred apenas dijo una palabra. Me escuchó atentamente todo lo que tenía para decir y cuando terminé solo dijo:
- Cuidado Abel, no te veía así desde antes del accidente.

Comencé a hacerme mas preguntas de las que podía responder. Me quedaba noches enteras en el laboratorio analizando imágenes del pasado, buscando eventos que los libros no hayan registrado.
Me pregunté como un ser supremo dejaría que la humanidad se autodestruya.
Comencé a hacerme preguntas de filosofía y religión. Calibré la máquina y fui a épocas remotas de la edad antigua.

Un grupo de palestinos y hebreos huía de de la ciudad guiados por un hombre de barba y bastón. Llegaron a orillas del Mar Rojo y coincidentemente las aguas se retiraron dejando solamente agua estancada en ciertas depresiones y un precioso camino de arena entre dos aguas. El hombre de barba ordenó a su gente a adentrarse en el mar, transitable a pie desde que las aguas se habían retirado. Lograron cruzar justo antes que un evidente y anunciado maremoto barra con sus perseguidores.

Un hombre de baja estatura arrojándole una piedra a un alto y corpulento guerrero que portaba una espada, con tal suerte que la piedra le pegó en un punto exacto de la cabeza causándole la muerte.
"En un punto exacto de la cabeza", pensé. Recordando lo que me causó la amnesia.
Ninguna evidencia encontrada descartaba la hipótesis de un creador.

Lo había decidido, tenía que saber que había ocurrido conmigo antes del... accidente.
Introduje las coordenadas para 4 meses luz de distancia, y traje la información de taquiones de lo que ocurrió hace 4 meses en este laboratorio, en una fecha que Fred me dio de la última vez que vio la máquina funcionar.

30 de Setiembre de 2006 - 10:35 PM
Abel Telline sacaba algunas herramientas de un pequeño bolso mientras miraba hacia la puerta como si temiera que alguien entrase. Sacó un par de destornilladores y una pinza de fuerza y se dirigió hacia la máquina. Se agachó sobre la fuente de alimentación y tras unos minutos de trabajo. Soltó la pinza con gesto de satisfacción. Se levantó, dio media vuelta y miró hacia el ojo, como si supiera que cualquier ente del futuro miraría desde ese punto de la habitación cualquier evento que ocurriese en el laboratorio.
Sonrió y se acercó hacia el ojo como un periodista acercándose a la cámara.
-La humanidad no está lista para el conocimiento absoluto de la historia y no quiero ser el responsable de su autodestrucción. Soy el único que sabe como reparar la máquina y siento la obligación científica de hacerlo. El vacío que siento dentro mio se ve inundado por dudas, demonios que me obligarán a develar el pasado tal como ocurrió. No puedo seguir luchando contra tales demonios y cualquiera que en un futuro consiga construir una máquina similar desmentirá mi cobardía.

Guardó las herramientas en el bolso y salió de la habitación.
Llegó al departamento, llamó por teléfono a un hotel y avisó que llegaría allá por la mañana. Fue hasta una mesa y recogió varias hojas que parecían borradores. El ojo se detuvo sobre esos papeles y se observaban croquis de lo que parecía ser un problema de física de caída libre. Un hombrecito dibujado con simpáticas lineas y crucesitas, una trayectoria parabólica y muchas variables físicas escritas a un costado. Velocidad final, momento de inercia con brazos estirados, número de vueltas. Finalmente, en la última hoja se podía ver un croquis de un cráneo con una gran equis marcando un punto específico detrás de la oreja derecha.

Con los ojos llorosos, pensé en voz alta " Lo tenía... todo planeado".
- Si - respondió una voz que me sobresaltó. Una silueta terrorífica aparecía sobre la puerta y encendió la la luz. Era Fred. - En realidad, yo hice los cálculos, me sorprende que realmente haya funcionado.
-Tu... tu lo sabías. Supiste todo desde el principio - dije, con una voz seria. Me había molestado bastante.
- Tranquilo Abel - dijo Fred con los brazos extendidos y las palmas hacia abajo. - Tu mismo me pediste que no te lo dijera.
Comencé a temblar, parecía una conspiración en mi contra. Primero Stacey y ahora Fred. Todos sabían que me pasó y nadie se animaba a decírmelo.
- ¿Qué es tan grave que no se atreven a contarme? - grité.
- ¡No sé! Nadie lo sabe, maldición. Nunca hablaste con nadie. Te volviste un neurótico, tal y como te estas volviendo ahora.
- Esa máquina vuelve loco a cualquiera...
- No, Abel. Solo es cuestión de saberlo manejar.
- ¿Saberlo manejar? ¿Cómo diablos te controlas cuando ves que la mitad de la historia que conoces es falsa? Cuando puedes ver absolutamente todo. ¡Todo! ¿No entiendes? No se trata solo de historia, astronomía, química, biología. Esta máquina no solo revoluciona la ciencia. Sino que revoluciona el mundo como lo conocemos. No conforme con los asesinatos explícitos ves cosas que no se pueden soportar.
- ¿Realmente temes a una máquina por el uso que se le pueda dar? ¡Pero que pensamiento tan aberrante! Vale, no hagamos cuchillos, ni tazas, ni siquiera recojamos piedras para construir nuestras casas. Venga. Ahora díme que no debería haberse desarrollado la tecnología nuclear.
-¡Medio millón de personas murieron en el primer ataque nuclear!
- ¡Y medio trillón será salvada gracias a la obtención de energía y la medicina nuclear!
- Nunca lo entenderás, ninguno de ustedes científicos, meros pensadores lineales, podría entenderlo.
- ¿Qué es lo que tanto temes?
- Imagina que miras hacia tu propio pasado. Mira la noche en que fuiste concebido por tus padres y darte cuenta que solo eres producto de un preservativo defectuoso. Ver las lágrimas que corrían por el rostro de tu madre cuando se enteró del embarazo. Imagina. Imagina, maldita sea. Que ves a tu esposa acostándose con tu mejor amigo. ¡Imaginalo! ¿Puedes resistirlo?
- Eso es la humanidad, Abel. Tienes que aprender a vivir con ella.
- ¡No! No quiero ser responsable de esta máquina. Siento la obligación moral de destruirla, pero... la obligación científica de mostrarla al mundo.
- Abel...
- No soy capaz de soportar esta guerra secreta entre estas dos partes de mi, Fred. No quiero que penda de mis manos el destino de la humanidad.
- El destino ya ha sido escrito, Abel.
- Ja, ¿Por quién? ¿Un ente supremo y creador?
- ¿Y por qué no?
- ¿Eres religioso, Fred?
- Creo en un ente supremo y creador, si eso me hace religioso, entonces lo soy.
-¿Crees acaso que todo el universo fue producto de un chasquido de Dios?
- Podríamos decir que dio el puntapié inicial...
- Bien, veamos con la máquina entonces.
- ¿Qué? Vamos Abel, ya es tarde y necesitas descansar, estas alterado.
- ¡No! Si realmente estas convencido que la suerte ya está echada, siéntate conmigo y veamos el inicio del tiempo.
- ¡Válgame Dios! Mira, grandísimo animal, si eso te hace feliz, adelante. Mira el pasado más remoto que un hombre pueda concebir, ve al inicio del tiempo.
Me senté en la máquina cargado de adrenalina y comencé a escribir las coordenadas. Simplemente puse. "Enfocar hacia el infinito". Quería ver los primeros taquiones que habían sido creados.

Una imagen de la Tierra tal como la conocemos hoy en día apareció en la pantalla. Un banco de nubes formaba un remolino en la zona del golfo de México y el clima parecía particularmente despejado en el resto de América Latina.
Entonces comenzó el conteo. Con la tierra en perspectiva comenzó a retroceder el tiempo.
Las nubes aparecían y desaparecían y se podía observar como cambiaba de color la superficie terrestre, algunas montañas parecían desaparecer y los continentes parecían moverse. Al cabo de un minuto los continentes ya se habían fundido en dos grandes masas de tierra. Gondwana y Laurasia continuaron moviéndose hasta formar la archiconocida Pangea.
Pero el tiempo siguió retrocediendo, la temperatura comenzó a aumentar y las aguas se evaporaron. Toda la Tierra dejó de ser un planeta y se observó una nube de gas girando sobre si misma. Finalmente la Tierra perdía su identidad cuando los gases volvieron al joven Sol de tan solo unos pocos millones de años de edad.
El sol pareció calentarse y las estrellas tendían contraerse para formar un solo gran cúmulo estelar. Finalmente todo el universo conocido se aglomeraba en unos pocos años de luz cúbicos.

- Allí - Gritó Fred.

15.000.000.000 A.C.
Una bola de luz comenzaba a expanderse a una velocidad inconmesurable y formaría pronto las primeras estrellas.

- ¿Contento?- exclamó Fred. Por un momento quedé con la mirada fija en la pantalla. Finalmente reaccioné.
- ¿Y si vamos antes?
- ¿Qué?
- Antes. Digamos unos 16 mil millones de años antes de cristo.
- ¿Cómo diablos vas a ver algo antes de la creación del universo?
Ignorando la pregunta de Fred introduje las coordenadas. Busqué interactuar con taquión fuera del universo, de modo que aún no le haya llegado la luz de la creación.

16.000.000.000 A.C.
Oscuridad. Nada más que oscuridad. A donde quiera que el ojo apuntara, solo se veía una imagen negra.

- Listo - Dije sonriendo - Estamos viendo la historia antes del tiempo.
- Hay algo muy extraño en todo esto... - dijo Fred.
- ¿Qué será, mi estimado científico? - pregunté con sarcasmo
- Antes del tiempo no había nada.
- Si, en efecto eso vemos.
- Y si no hay nada... ¿Con qué diablos están interactuando los taquiones?
Fruncí el ceño y entrecerré los ojos, la pregunta era de más interesante. Comencé a pensar en ello pero me interrumpió el grito de horror de Fred.
- ¿Te das cuenta lo que hemos hecho?
- ¿Qué?- contesté gritando.
- Antes del tiempo no había nada, y nosotros acabamos de introducir una perturbación en ese estado de entropía cero.
- ¿Y eso que significa...?

Pero antes que pueda acabar la pregunta, un resplandor encandilante iluminó toda la pantalla. El estado de equilibrio absoluto había sido destruido y el universo acababa de ser creado.

Sentí un súbito mareo y miré la fecha al lado de la coordenadas. Decía 15.000.000.000 AC. El universo había sido creado quince mil millones de años antes y nosotros fuimos parte de esa creación. Nunca lo hubiésemos notado si no fuera por el intenso dolor de cabeza. Y hubiera sido mejor que nunca nos hubiésemos dado cuenta que acababamos de reiniciar el tiempo mil millones de años antes.

Incertidumbre. Dulce incertidumbre.

Dejé de ir al laboratorio. Me la pasaba encerrado en la habitación saliendo solo cuando la sed me vencía, tenía una barba de varios días y apenas comía. Finalmente supe que me pasó. Finalmente tuve acceso a toda la historia, pero ni así supe realmente quien era yo. Fred tenía razón. Me había transformado en un neurótico, creo que se alegró de no verme de nuevo por el laboratorio luego de mi amenaza de destruir la máquina. No, nunca me dejaría hacerlo. Seguro ha tomado precauciones esta vez.

En un esfuerzo por callar las voces que me aturdían, salí de la habitación y fui a la biblioteca. El blbliotecario como siempre se alegró de verme, pero notaba en sus ojos la compasión. "No necesito su maldita compasión", pensé. Asi que opté por ir al catálogo. Cuando abrí el índice aparecieron varios títulos con la letra A. Me llamó la atención uno titulado "Atlas del cuerpo humano", con un gigantesco craneo en la portada.
Entonces sentí una súbita sensación de júbilo. Busqué en la enciclopedia médica referencias sobre neurología y traumas severos. Encontré rápidamente el tema que estaba buscando.
"Amensia psicógena". Vi el mapa de un cerebro típico con la señalización de la zona dañada. Imprimí un croquis del cráneo y comencé a marcar trayectorias y diagramas de fuerzas.
Reduje un cúmulo de fuerzas a un solo punto y resultó exactamente donde esperaba.

Recordaba las palabras de un médico jóven y alto con una típica bata blanca:
"
tuvo la mala suerte de haber golpeado en el único punto de la cabeza que puede causar una lesión en la región de memoria del cerebelo"

Esa tarde fui a buscar a Fred en el laboratorio, le mostré el croquis y lo analizó profundamente, hizo unos cálculos sobre una servilleta. (¿Los físicos siempre son tan desordenados?) y luego me miró.
- ¿Estás seguro? - me preguntó con seriedad. - ¿Y si vuelves a sentir la necesidad de saber?
Creí que iba a dudar en contestar, pensé en Stacey, en lo mal que la traté, en toda la gente que tan bien me había atendido cuando no recordaba nada. Pensé en Fred y cuanto me había ayudado. Hasta podría haberlo pensado dos veces.
Pero inmediatamente recordaba el terror, el horror y la destrucción que había visto. Entonces sentía como si Thor descargará su martillo sobre mi pecho y una voz sepulcral me susurraba al oído "Sufrimiento...".
- Si, estoy seguro. Una mente tan débil como la mía no estaba lista para conocer la historia tal y como pasó. Y estoy seguro que la gran mayoría estará igual que yo. Ya no puedo vivir en paz, ante mis ojos se ha forjado un filtro de fatalidad. Nunca creí que diría esto pero, estaré mejor sin saber.
- Si eso te hace sentir mejor Abel, lo haremos. ¿Cuándo quieres hacerlo?
- Esta noche, en el Hotel Delta.
- Tu y tus simbólicos gestos... vale, nos veremos en el hotel. ¿Tienes el martillo?
- Tengo todo lo necesario...
Me di vuelta y me disponía a volver a la habitación, pero me detuve en el umbral de la puerta. Me volví hacia Fred y dije:
-Si me ves por aqui de nuevo haciendo preguntas, mienteme algo bonito. ¿Si?
-De acuerdo - respondió con serenidad.

Recogí las cosas en el bolso, excepto las que me daban un indicio de quien era yo, y me fui al hotel.
El recepcionista me atendió muy bien. Todavía se acordaba de mi. Entonces fui a la habitación, cerré las cortinas y allí me quedé hasta la noche.


Estaba muy ansioso esperando a Fred.. Sabía que era la última tarde en la que sería conciente de lo que ocurría. Me senté en el sillón e intenté encender el televisor pero el control remoto no funcionaba. Me levanté frustrado y encontré un cuaderno y un lápiz en la mesita del teléfono.
Los tomé estudiándolos, como si dudase que hacer con ellos. Finalmente decidí que hacer para matar el tiempo.
Me senté en la mesa y abrí el cuaderno en la tercera carilla. Entonces con mi letra improlija característica comencé a escribir:

"Lo primero que recuerdo es haber abierto los ojos y haber encontrado una mujer al pie de la cama leyendo, tenía la mirada perdida como si no estuviera prestando atención a la revista.
Intenté moverme pero me sentí muy débil, apenas logré correr un poco la sabana...."

"... y en un atentado contra mi orgullo, tengo que decir que Fred tenía razón. La máquina no era el problema, solo había que saber manejar la historia cruda y sin catedráticos de por medio que la expresen de la manera que más les convenga. Pero sigo convencido que gran parte de población mundial, reaccionará igual que yo. Sigo convencido que no estamos listos para una verdad absoluta. Si queremos seguir con esa falsa esperanza que reina todos los días en nuestras vidas, necesitamos un mundo de mentiras. Aquél en el que solo el beneficio de la duda nos mantiene serenos y luchadores. Podría escribir eternamente, pero están golpeando la puerta de la habitación, debe ser Fred. Finalmente esta agonía terminará pronto."